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A mediados de los años 70 muere Franco y con este final de ciclo de la dictadura en España, comienza una época muy interesante también en fotografía. No sólo porque había una realidad que muchos fotógrafos de este país ansiaban poder explicar en imágenes, sino porque es una etapa de innovaciones y apertura de nuevos caminos que implican el nacimiento de galerías y revistas, algunas de ellas especializadas en fotografía, y esto dotará de oxígeno y aire fresco al ámbito de la imagen.

En esta época, y en los trabajos de documentalismo fotográfico que realizaron seis autores, se ha centrado la exposición “Tan lejos, tan cerca” de la Fundación Foto Colectania que cerraba sus puertas hoy. Esta exposición ha sido comisariada por Cristina Zelich, conocida comisaria y autora de varios libros de fotografía (que no detallaré porque son numerosos en ambos casos), que dirigió en aquellos años la galería Fotomanía (Barcelona: 1977-1983), estuvo en la organización de les Jornades Catalanes de Fotografia (Barcelona 1981) y de la Primavera Fotogràfica (1982 y 1984), y también ha sido miembro del jurado de FotoPres ‘01. En Salamanca ha sido coordinadora del Centro de Fotografía de la Universidad de Salamanca (1996-2001), del programa de Exposiciones de Salamanca 2002 Ciudad Europea de la Cultura y del Centro de Arte de Salamanca entre 2002 y 2003.

La primera vez que la vi fue este verano en Madrid en el PhotoEspaña (ha sido organizada junto con este festival y producida por el Ministerio de Cultura), y he tenido la oportunidad de volver a visitarla en Barcelona. Es un gusto ver exposiciones de fotografía de aquí con un planteamiento coherente que, además, aportan una nueva lectura, en este caso de conjunto, a la obra de nuestros autores sin excluir a las fotógrafas (Porque haberlas, haylas, y muy buenas y no sólo en los últimos 10 años ¡Aleluya!). Unas exposiciones contextualizadoras y, de algún modo, didácticas, que nos permiten profundizar en la historia de la fotografía española.

Siento mucho que el trabajo y las prisas de los últimos meses no me hayan permitido hacer una entrada sobre el tema antes, pero permitidme hacer una ahora para todos aquellos que no habéis podido visitarla.

Como bien explica en el vídeo sobre la exposición la comisaria Cristina Zelich, mientras las ciudades bullían de actividad política y de noticias, los fotógrafos de esta exposición (Koldo Chamorro, Cristina García Rodero, Cristóbal Hara, Fernando Herráez, Anna Turbau y Ramón Zabalza) volvieron sus objetivos a las zonas rurales, en las que también había heridas, historias que contar y luchas abiertas. Como se explica en la introducción a la exposición de Foto Colectania: “Alejados de la iconografía oficial, estos autores reflejaron la vida en las pequeñas ciudades de provincia, las culturas marginales y las tradiciones, siempre con una mirada personal e innovadora, alejada de los estereotipos impuestos por la etapa franquista. Los trabajos que realizaron respondían a intereses personales y no a encargos, y las series fueron planteadas desde el principio como trabajos de largo plazo, lo cual dio a los autores una gran libertad creativa. En la muestra se presentan proyectos que han alcanzado un gran reconocimiento, como las series en blanco y negro de Cristóbal Hara o el famoso “España Oculta” de Cristina García Rodero, junto a otros no tan conocidos pero igualmente necesarios para entender una época, como la “España Mágica” de Koldo Chamorro o las “Imágenes gitanas” de Ramón Zabalza”. De este modo, los fotógrafos documentalistas de aquellos años renovaron el género con una nueva mirada, un enfoque fresco y, sobre todo: planteamientos directos. De esa fuente se han alimentado los fotógrafos que han trabajado este género en España en los últimos años.

Si tuviéramos que buscar las bases de las que se alimentaron estos 6 fotógrafos, seguramente tendríamos que mencionar, como hace Foto Colectania, el “realismo humanista de los fotógrafos de la generación anterior”. O, como dice Fernando Roa en FOTOGRAFÍA Y MÁS: “Esta generación creció apoyada en las influencias de “La Escuela de Madrid, el grupo Afal o La Palangana pero desarrollo un estilo propio y más personal en relación con el tipo de fotografía documental que se hacía en Europa en aquellos años”. Sin embargo, como también puntualiza Foto Colectania: la diferencia o lo novedoso de sus imágenes estaría en la franqueza de sus miradas, en la manera directa de observar lo que sucede a su alrededor y en la forma fresca de documentarlo. Lejos de las imágenes encorsetadas del franquismo, estos documentalistas recurren a angulaciones y planos poco habituales que crean una subjetivización de la experiencia. El fruto son unas imágenes, a veces surrealistas dentro de la realidad de un país en plena post-dictadura, que destacan especialmente por su pasión, por su compromiso con los acontecimientos… o mejor dicho, con las personas.

De este modo, aunque no puede hablarse propiamente de un grupo o de una escuela de fotografía concreta, sí que comparten características y formas de hacer y entender la fotografía, seguramente por la conciencia de todos ellos de estar ante una sociedad a punto de desaparecer en aras de un profundo cambio. Y eso es lo que todos ellos fotografían: una España que nunca más sería posible (en muchos casos por fortuna, en otros por daños colaterales de la modernización). Gracias a sus imágenes, nos queda la memoria de los acontecimientos, de las personas, de las pequeñas y grandes tragedias o luchas de un tiempo complejo. Las últimas estampas de algunas tradiciones que murieron y otras que se modificaron, las últimas huellas en blanco y negro de un contraste entre lo urbano y lo rural que también se fue diluyendo.

Los seis autores de la exposición darían para escribir una serie de libros, ya que algunos de ellos son toda una institución en este país, como Cristina García Rodero.

Simplemente por haber sido el primer fotógrafo español en ser admitido en la prestigiosa agencia Magnum, Cristina García Rodero debería haberse ganado ya un lugar en la fotografía nacional. Sin embargo, esta licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid ha realizado trabajos impresionantes sobre las tradiciones y el folclore (al principio españoles, y después internacionales) que le han dado la fama y el respeto internacional. Su estilo es el de una fotografía cercana al sujeto, al individuo, con planos cerrados que no nos permiten huir de la presencia del otro. Tal vez por eso, sus imágenes hipnotizan. Nadie como ella para buscar la personalización de la masa, para hacer retratos en medio de las multitudes, poniendo rostro a la locura, a la religiosidad, al dolor o al trance… a la pasión por una fe, por una tradición, por un rito. Supongo que, en el fondo, lo que fotografía Cristina García Rodero es ese algo más allá de la razón que subyace bajo todas las culturas y que seguramente constituya la más profunda humanidad de lo humano. Aquello que nos hace vulnerables y poderosos, temerosos y temerarios. La esencia, en fin, del ser humano. Meticulosa y perfeccionista, dedicó 15 años a su España oculta y, según El País, lleva desde 1997 fotografíando Cuba y otro de sus trabajos más conocidos es su documentación del culto a María Lionza.

Entre sus numerosos galardones, podríamos destacar la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2005); varios de fotoperiodismo como un Fotopress (1997), un PhotoEspaña o el Godó de Fotoperiodismo (ambos del 2000), y un World Press Photo (1993); el Premio Nacional de Fotografía del Ministerio de Cultura en Madrid (1996); así como varios internacionales como el Premio Dr. Erich Salomon (1990) o el Premio Eugene Smith de Fotografía Humanista en Nueva York (1989).

Esta fotógrafa, para aquellos de mis alumnos que creen que los proyectos (y el reconocimiento internacional) surgen de la inspiración sobre la nada, no sólo tiene formación, sino que comenzó dando clases de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid para más tarde ser profesora de  fotografía en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid hasta hace unos años. Esta labor docente la compatibilizó con la realización de reportajes y obras fotográficas que han bordeado tenues límites entre el documentalismo y el ensayo fotográfico. Su obra ha sido publicada en numerosas revistas nacionales y extranjeras, así como en libros, catálogos y ha participado en una gran cantidad de exposiciones tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Es decir, queridos estudiantes míos: que la inspiración os encuentre trabajando (como os hubiera aconsejado Picasso) y con una buena base de formación sólida que os permita, si es necesario, reconocer las reglas para poder saltaros todas las que queráis… pero a conciencia.

La otra fotógrafa de la exposición es Anna Turbau, de la que ya he escrito anteriormente en este blog en la entrada Anna Turbau: la mirada que sacó a la luz una Galicia diferente. En aquella ocasión comentaba: “Del trabajo de aquellos años en Galicia yo creo que hay que valorar la honestidad, la implicación humana, el compromiso y el riesgo asumido por una joven fotógrafa en los primeros tiempos de la post-dictadura” y “Las fotografías de Anna Turbau, con sus grandes picados y contrapicados, siempre en el corazón de la acción y recogiendo las actitudes de todas las partes comprometidas en el conflicto nos dejan un detallado retrato de aquellos años con un sello personalísimo. Con unos cuidadosos encuadres, las composiciones de Turbau abren paso a un torrente de energía y rebelión en el que es constante la presencia de mujeres que no son víctimas pasivas sino personajes importantes en una trama compleja”. Anna Turbau es catalana pero se marchó a Galicia en 1976 para realizar fotografías para las revistas Interviú y Primera plana en unos años que, como dice el blog Cada día un fotógrafo fueron: “difíciles para cualquier mujer que quisiera iniciarse en una profesión, hasta ese momento, cerrada al género masculino”. Tras su regreso a Madrid, la situación se tornó muy complicada para continuar ejerciendo como fotoperiodista pero no dejó de realizar sus proyectos personales. El documental La mirada de Anna (2009) explicaba su historia y una exposición en Espai fotogràfic Català Roca (2012), fue el reinicio de toda una serie de exposiciones que se han sucedido hasta la que ahora nos ocupa.

Koldo Chamorro fue un fotógrafo español que murió en 2009. Como su nombre indica, sus orígenes están en Vitoria, pero pasó sus primeros años en Guinea Ecuatorial, hasta que regresó a España para seguir estudios universitarios. Chamorro trabajó en prácticamente todos los ámbitos de la fotografía, desde el reportaje a la publicidad, la moda o la obra más personal. Como Cristina García Rodero, este autor ha sido también profesor y conferenciante, y ha participado en numerosas exposiciones, su obra está en centros internacionales y ha recibido varios galardones.

Cristóbal Hara pasó su infancia en las Islas Filipinas, Alemania, Estados Unidos y España.

Como comenta el ya mencionado blog Cada día un fotógrafo: “Estudió Derecho y Dirección de Empresas en Madrid, Hamburgo y Múnich. Decidió dedicarse a la fotografía, residiendo en Londres en 1969 tras conocer el trabajo de Henri Cartier-Bresson, por lo que abandonó sus estudios. Su trabajo se exhibió por primera vez en la exposición itinerante Three Photographers, organizada por el Victoria & Albert Museum. Colaboró con las agencias John Hillelson en Londres y Viva en París. Trasladó su residencia a España en 1980, y posteriormente colaboró con la agencia Cover en Madrid”.

Su fotografía cambió en el momento, a mediados de los 80, en el que pasa a trabajar en color y su fotografía va cruzando los límites en los que la realidad se incursiona por territorios surrealistas o cuasi-ficcionales. Sus fotografías han sido publicadas por prestigiosas revistas y diarios nacionales o internacionales, y nuevamente estamos ante un fotógrafo que tiene obras en colecciones de prestigio internacional.

Fernando Herráez, como lo define la página de la Escuela PIC.A (escuela internacional del Ayuntamiento de Alcobendas y PHotoEspaña) de la que es Director: “es miembro fundador de la agencia de prensa Cover (Madrid, 1979) y autor de monografías como, entre otras, Ritos ibéricos I, Ritos ibéricos II, Línea de playa, Sangre de toro y Terra incognita”. Herráez compaginó la fotografía comercial con su obra más personal en la que transita el ensayo fotográfico. ABEL H. POZUELO describía su obra con estas palabras en El Cultural: “Afiliado a la sencillez y dueño de una mirada pulcra pero abierta a lo que de insospechado tiene lo real, Herráez ha venido indagando en el medio rural peninsular, fundamentalmente en esos ritos y fiestas estacionales a mitad de camino entre el absurdo, lo religioso y lo pagano“. Las imágenes de Herráez son imprevisibles, sorprendentes, jugando siempre con aquellos elementos insólitos que hacen de la realidad una mueca de sí misma, una burla del momento, una elegía de lo absurdo.

Por último, Ramón Zabalza nace en Barcelona aunque vive y trabaja en Madrid. Como puede leerse en la biografía de su propia página web este fotógrafo es Licenciado en derecho (Madrid, 1960) y tiene estudios de economía y antropología en Madrid y París (1961-1970). Nuevamente nos encontramos en este grupo con otro profesor universitario, en este caso auxiliar de antropología social y económica en la Universidad Complutense de Madrid (1968-1973).

Su carrera como fotógrafo comienza en los años 70, interesado en las relaciones entre fotografía y antropología. Según su propia web: “Siempre había utilizado la cámara fotográfica y el cuaderno de notas en sus proyectos, pero con resultados de escasa calidad y cantidad. Cuando en 1973 descubrió el uso creativo de la fotografía, abandonó el trabajo de campo y puso entre paréntesis la relación entre ambos medios. Años más tarde, retomaría esa relación en Imágenes gitanas que no resolvía el hiato entre imágenes y textos. En Aqua Sana, las fotografías adoptaron ya una estructura narrativa, pero la complejidad de reflexionar sobre el propio cuerpo impidió redactar un texto que redujera esa distancia. En Prestige 42º 15’N-12º 08’w se perfeccionó la estructura, pero las exigencias editoriales limitaron la incorporación de textos ad hoc. Un paso más en esa simbiosis se ha dado en “BOS TAURUS Una antropología visual sobre los mundos del toro” (julio 2014) y en su trabajo en curso sobre las morfologías del territorio”.

En resumen, podría decirse que estamos ante un grupo de fotógrafos con una formación académica que va de las Bellas Artes a la antropología, que comienza su andadura profesional en la fotografía en el primer Post-franquismo y que destacan frente a otros documentalismos anteriores por la frescura de su mirada, que descubre no sólo el lado más cruento de la sociedad de aquellos duros años, sino también la sonrisa, el guiño del absurdo en una España que también sabe reírse de sí misma.


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