La imagen familiar y doméstica en la época del COVID-19


Estos días veo con mucho interés lo que está sucediendo con las imágenes familiares y domésticas. Mientras, por salud, nuestros cuerpos vulnerables tienen que quedarse en casa… nuestras imágenes vuelan libres para conectarnos, para seguir viéndonos, para reconfortarnos… e incluso para que podamos seguir teniendo esperanza o para que sonriamos.

Hoy El Periódico publica un artículo sobre estos temas en el que menciona mi investigación y algunas breves notas de mi análisis de estos días sobre el rol que las fotografías familiares y los vídeos están teniendo en esta cuarentena.

Creo que todos nosotros estamos haciendo uso expansivo de videollamadas, videoconferencias, envíos de fotografías… y que esas conexiones visuales y auditivas con los nuestros se han convertido en esenciales. Vernos nos calma, nos alegra, nos tranquiliza. Como digo en el ya mencionado artículo: “La imagen es una herramienta muy potente para paliar la soledad”.

Captura de pantalla del artículo en El Periódico con algunas breves pinceladas de mi opinión sobre el rol que tienen estos días las imágenes domésticas o familiares.

La humanización de los sanitarios a través de sus fotografías

También hoy, muchos medios se hacen eco de la portada de The New Yorker en la que el artista Chris Ware recoge en una ilustración una videollamada de una enfermera a su familia para dar las buenas noches. Al parecer fue la hija adolescente de este ilustrador quien le dijo que se asegurara de que la portada fuera sobre cómo muchos doctores tienen hijos y familias propias.

La portada ilustra de un modo maravilloso (y seguramente idealizado) lo que creo que muchos profesionales de la salud viven estos días: ese distanciamiento de sus familias para poder atender a quienes sufren estos días no sólo de COVID-19 sino de otras muchas patologías.

La humanización del personal de la salud es uno de los cambios que creo que está teniendo la cobertura de los medios estos días de pandemia: nunca habíamos visto tantas imágenes de médicos, enfermeras y celadores mostrando su día a día: las marcas de las mascarillas, los momentos de descanso en cualquier sitio… Instagram, twitter… están llenos de ellas. Es su día a día en ese otro espacio íntimo y familiar que son estos días los hospitales.

Sí, familiar, lo he dicho con plena conciencia porque si algo estamos viendo es la humanización también de la medicina en los medios. Profesionales de la salud y pacientes aplaudiendo, arropando a los pacientes… a través de fotografías de smarphone: domésticas. Lo que nos transmiten esas fotografías, casi siempre técnicamente imperfectas (como casi todas las domésticas-familiares), es la tranquilidad de ver que los pacientes no están solos. Porque uno de los grandes miedos de muchos, de lo que se habla muy poco, es el miedo a morir solo, a estar solo en un hospital en estos momentos tan complicados. Tras ver las imágenes de los pasillos llenos de gente aplaudiendo, de las camas de hospital rodeadas de personas cubiertas de toda la indumentaria de estos días… creo que todos nos quedamos un poco más tranquilos. Porque en medio de tanto lenguage bélico y tanto hablar de héroes… no debemos olvidar que son personas cuya vocación, en princio, es la de cuidar y curar a los demás. Sobre el lenguage bélico cuando se habla en los medios de enfermedades (por ejemplo del cáncer) es un tema complejo del que podemos hablar en otro momento porque tiene muchas aristas.

Estos días en las noticias de diferentes medios de comunicación se incluyen imágenes de profesionales de la salud dando un aplauso a pacientes que se curan y abandonan el hospital. He perdido un poco la noción del tiempo, pero creo que ha sido este fin de semana también cuando hemos visto en televisión a una señora estupenda, de ¿103 años? celebrar su recuperación… son imágenes entrañables, emotivas pero, sobre todo, muy necesarias.

¿Por qué las considero tan importantes? Por varios motivos: el primero de todos ellos, porque transmite un mensaje claro sobre la importancia de la vida, de cualquier edad, para todos nosotros. Me horripilan las noticias sobre países en los que por ser mayor de no sé cuántos años consideran que tu vida ya no merece la pena.

Por otro lado, en mis conversaciones de estos últimos años con pacientes y cuidadores, hay una palabra que se repite como una pesadilla: la soledad, la pérdida de lazos sociales, la sensación de aislamiento… y estos días creo que a todos nos sobrecoge no sólo que podamos contagiarnos de COVID-19 sino que en caso de gravedad nos podamos ver solos y lejos de nuestros seres queridos. Por eso precisamente esas imágenes de los médicos, enfermeras… rodeando a los pacientes, arropándolos (aunque sea con esa distancia prudencial obligatoria en estos días) visualmente considero que transmite un mensaje que nos relaja. El mensaje es muy sencillo: no somos un caso entre cientos o miles, somos seres humanos que importamos y nuestros profesionales de la salud están ahí no sólo para sanar nuestros cuerpos sino que también, estos días, se están ocupando de acompañarnos afectiva y emocionalmente hasta donde es posible.

En esta línea, también es importante poder mostrar visualmente los pequeños homenajes que se pueden hacer en estos días por aquellos que fallecen porque sentirse arropados y acompañados también puede ser muy importante para los dolientes que necesitan procesar el duelo. Pongámonos en su situación.

Captura de pantalla de una noticia en El Correo con una de las numerosas muestras de apoyo no sólo a los pacientes sino también a los fallecidos por esta pandemia.

Frente a estas imágenes, las estampas de IFEMA como hospital… la primera vez que las vi en la televisión tuve un dejá vu de unas cuantas películas pandémico-distópicas del fin del mundo. En casa nos quedamos todos en silencio: más allá de las necesidades sanitarias y logísticas… las imágenes son potentes y transmiten mensajes que no sé si son exactamente los que se desean.

Ese pabellón desangelado, con camas salpicadas sobre el suelo negro, con las letras de las paredes que nos remiten a una feria, pero también a un parking… no sé. A mí me impactaron. Una persona me comentaba hoy que cuando ve esas imágenes sólo piensa si estarán pasando frío…

Como he dicho muchas veces frente a imágenes muy diferentes: hay fotografías realizadas con la mejor de las intenciones pero que pueden estigmatizar y hacer daño. Tengamos cuidado con ellas porque el COVID-19 dejará de ser una pandemia un día más o menos cercano, pero esas imágenes seguirán con nosotros. Sobre todo en las mentes de aquellos que hayan perdido estos días a un ser querido en un hospital.

Las fotografías que acompañan en tiempos difíciles

Frente a estas estampas frías, logísticas y desangeladas, están las otras, las que seguramente para muchos serán anecdóticas pero que yo creo que nos sanan el alma en estos tiempos: las de las enfermeras enseñando fotografías o vídeollamadas en sus móviles, ayudando a conectar a los pacientes con sus familias, mostrando sus fotografías para que sus pacientes puedan humanizar sus rostros sin máscaras ni protectores… estos días nuestras imágenes son una prolongación de nosotros que habitualmente nos humaniza.

Giuseppe Corbari durante una misa con las fotografías de sus feligreses. Fotografía linkada de Alfa y Omega. Dadas las circunstancias y la falta de crédito en la imagen linkada, supongo que la fotografía la hizo el propio sacerdote: Giuseppe Corbari.

El otro día, entre las noticias se coló un vídeo de una misa en la que el sacerdote había colocado fotografías de los familiares y otros feligreses en los bancos de la iglesia. Creo que era una misa de funeral y que explicó que eran imágenes de familiares del difunto junto a otras de feligreses de la parroquia. Me impresionó la sensibilidad del sacerdote: es una manera simbólica que me parece hermosa para ese último adiós en la época del aislamiento. Sí, ya sé que no soluciona gran cosa, pero si me encontrara en una circunstancia como esa y se me pidiera una fotografía para ponerla en uno de los bancos de la iglesia creo que eso me facilitaría un camino para comenzar mi duelo: esa es la fuerza de los rituales y el valor de las fotografías como elementos talismánicos está ya muy comprobado. No he podido encontrar esta noticia, pero sí que he encontrado varias relacionadas con Giuseppe Corbari, un sacerdote al norte de Milán, que explica que pidió a sus feligreses selfis o fotos familiares para imprimirlas y ponerlas en la iglesia porque le costaba dar Misa sin gente. Como desde ese día las fotografías están en los bancos, creo que podría tratarse del mismo sacerdote.

Desde que comencé a investigar sobre imágenes familiares, el tema de su función simbólica, casi talismánica, es una constante en diferentes ámbitos y usos: especialmente en casos de reclusión o de muertes en la distancia.

Recuerdo que hace años una estudiante de Bellas Artes organizó una exposición en la que pedía a su público que fuera con una fotocopia de una foto de una persona que quisiera romper. En la instalación artística había un destructor de papeles. Ella me explicaba que muchas personas no eran capaces de poner la fotocopia de la fotografía de la persona en el destructor. Hay mucho de nosotros en nuestras fotografías. No lo olvidemos. Cuando mostramos nuestras fotos no escucho a nadie explicar: “esto es una fotografía mía en…”. Normalmente las mostramos diciendo: “Esta soy yo en…”. En mi tesis doctoral analizaba este tipo de fenómenos y cómo los proyectos con fotografías familiares se convierten en nuestro tiempo en canalizadores y catalizadores de procesos identitarios y mnemónicos.

Por tanto, si nos identificamos con nuestras fotografías, efectivamente, nuestras imágenes pueden ser nuestras embajadoras en estos tiempos complicados y conectarnos, humanizándonos, más allá de nuestras limitaciones físicas.

Del mismo modo que he dicho en otros análisis de enfermedades anteriores… las imágenes domésticas y familiares ayudan a humanizar, normalizar y dignificar. Me alegra ver, entre las fotografías médicas y de prensa numerosos ejemplos en esta línea (no necesariamente domésticos ni familiares), pero me preocupan las imágenes que pueden estigmatizar a colectivos enteros tras esta pandemia, las imágenes que puedan sumar tristeza y preocupación a los familiares en la distancia. En este último apartado pongo las de los camiones frigoríficos en los que se guardan los cadáveres en NY o la fotografía que supuestamente ha hecho una enfermera de los cadáveres guardados en bolsas.

Es complicado valorar o saber hasta dónde llegan las necesidades de información y cuál es el límite de lo que puede mostrarse éticamente. Pero creo que todos deberíamos preguntarnos si son necesarias ciertas imágenes para denunciar o para informar ¿Causa más dolor del necesario? La noticia sobre la fotografía de los cadáveres en bolsas dice desde su título que la fotografía está estremeciendo a EE.UU.

No sé qué es peor, si que los cuerpos se guarden así o si que, además de que se guarden así, sus familiares tengan que verlo desde la impotencia de su encierro. Por tanto, favor, tengamos en cuenta las circunstancias y cuidemos entre todos las imágenes de esta pandemia. No se trata de no informar (podéis ver que no digo que no se publique la noticia: lo que pregunto es si ciertas imágenes son necesarias). Tampoco hablo de no mostrar.

Si habéis leído la entrada anterior Fotografía post-mortem y nuevos rituales de duelo… reflexiones durante la cuarentena del COVID-19, precisamente hablo de que en ciertas ocasiones hay que mostrar para asumir, para procesar el duelo. No hablo de publicar únicamente imágenes amables durante el COVID-19 sino de publicar las imágenes necesarias y de mostrar siempre dignamente lo que está sucediendo.

Con las imágenes de la enfermedad y la muerte deberíamos siempre poner en la balanza si el sufrimiento que se añade con ciertas imágenes está justificado ética, profesional y humanamente.

3 comentarios sobre “La imagen familiar y doméstica en la época del COVID-19

  1. Rebeca, tu análisis y reflexión sobre los usos de la fotografía me parecieron muy acertados. Descubrí tu blog ayer y me gustaría leer tus artículos con tiempo. Entre los tantos usos de las imágenes en tiempo del covid-19, está la propuesta de la bundeliga para alentar a los equipos de futbol: ://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/coronavirus-hinchas-carton-taman

    Espero extenderme un poco más en mi próximo comentario. Vivo en Córdoba, Argentina y estoy estudiando fotografía. Desde hoy soy una lectora de tu Blog!

    1. Hola, Mónica,
      Mil gracias por tu comentario. Me alegra que te guste mi blog y que a partir de ahora lo sigas. Pongo de nuevo el link que compartías porque no he podido acceder desde él: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/coronavirus-hinchas-carton-tamano-real-alentar-clubes-nid2362574
      Mil gracias por la referencia que compartes: no la conocía y me parece muy interesante como nueva forma de uso de la imagen como presencia. ¡Un abrazo y mucho ánimo con tus estudios de fotografía!

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