Fotografía post-mortem y nuevos rituales de duelo… reflexiones durante la cuarentena del COVID-19


Estos días, como muchas de las personas que siguen este blog (por no decir todas), estoy encerrada en casa intentando mantener mi actividad laboral a distancia mientras llamo y soy llamada, whatsappeo y soy whatsappeada

En este contexto, esta tarde me ha llamado Sara Mendizábal Rodrigo, psicóloga especializada en emergencias, que trabaja habitualmente con niños y adolescentes en Pamplona (Navarra), y que actualmente está colaborando con la situación del COVID-19 desde varios frentes. Me ha confesado que se ha acordado de mí por varios motivos, pero especialmente porque está dando vueltas a cómo procesar estos duelos complicados por la distancia… y si la fotografía post-mortem podría ser de alguna ayuda.

He de confesar que siempre es un placer hablar con Sara, aunque sea de temas duros, porque es una de esas profesionales de la psicología con gran vocación y planteamientos profundos. Hoy hemos tenido una conversación-debate muy interesante que me ha dejado pensando y aquí comparto alguna de las ideas que me rondan.

Los duelos a distancia, las situaciones de emergencia lejos de los seres queridos, las personas ingresadas solas, los familiares que sufren sin poder estar con quien quieren estar… y la muerte en soledad. Algo que creo que a todos nos parece terrible y que muchos viven estos días. Desde aquí, mi más sincero pésame a todos los afectados. La pregunta que me hacía Sara y que me tiene dando vueltas ha sido, básicamente: ¿podría la fotografía ayudar en estos casos a procesar los duelos de una forma diferente?

Como le he dicho a ella, puede que sí… porque de hecho toda mi investigación de los últimos años es sobre el papel de la fotografía como mediadora en procesos de enfermedad, muerte y duelo. Pero también precisamente por eso… no sé si nuestra sociedad está culturalmente preparada para recuperar este tipo de prácticas que estuvieron en uso en el s. XIX y que en los últimos años han reaparecido para ayudar, discretamente, en casos de muerte perinatal y neonatal (hablaremos de esto más adelante).

En primer lugar, la fotografía post-mortem fue muy popular en el siglo XIX y una de sus funciones era precisamente la de dar consuelo a los dolientes, que procesaban sus duelos de diferentes formas gracias a estas imágenes en las que, en el fondo, lo que se hacía era reafirmar los lazos con los difuntos, el afecto, el recuerdo, la pertenencia, el vínculo, la identidad, la co-presencia más allá de la muerte: el legado familiar y el compromiso por preservar el recuerdo.

Montse Morcate, investigadora que ha escrito ampliamente sobre estos temas, alguna vez me ha hablado también del uso que se daba a estas imágenes por parte de emigrantes que, en la distancia insalvable de aquellos años sin aviones y sin los medios de comunicación actuales, las empleaban como una forma de constatar la muerte así como las honras funerarias. He visto imágenes de ataúdes rodeados de flores que seguramente se enviaron a dolientes que no podían asistir al funeral para tranquilizarlos y mostrarles que los difuntos fueron debidamente despedidos en una época en la que este tipo de imágenes no estaban consideradas como morbosas y en la que gozaban de cierta aceptación social. Por tanto, las fotografías han servido como herramientas de mediación del duelo mantenido en la distancia en otro tiempo, pero (como le comentaba a Sara) en un tiempo en el que éstas no estaban estigmatizadas ni se asociaban con la repulsa o el estigma. Algo que sí sucede hoy. Por tanto, lo único que puedo decir es que seguramente puede servir de consuelo poder ver una fotografía de una mano inerte que es sujetada por otra mano porque esto nos hablará, de manera sutil, de una última fase de la enfermedad en compañía, de una muerte acompañada. Si estas son las circunstancias y la familia quiere una foto: yo creo que puede ayudar. También puede ser reconfortante en la distancia la imagen de un féretro rodeado de flores que está siendo despedido en soledad pero con cariño, dignidad y respeto. Sin embargo, no sé hasta qué punto estamos preparados para ver una fotografía de un cadáver solitario si este es el de un ser querido (aunque podamos solicitar ver una foto… hemos de estar seguros de que estamos preparados para enfrentar cierto tipo de circunstancias) o, poniéndonos en un escenario límite, para ver que nuestro querido enfermo o difunto es uno más de los que esperan su hora en un espacio desangelado. Por tanto, aunque es cierto que, en genérico, las imágenes post-mortem pueden ayudar a tomar conciencia de la muerte, a asumir la pérdida… hemos de tener en cuenta que culturalmente nos hemos distanciado de estas prácticas hasta enajenarlas y, por otro lado, ser conscientes de las circunstancias de cada uno de los casos. Creo que lo reconfortante en estos momentos no sería tanto una imagen cualquiera del enfermo o del difunto a secas, sino una imagen que nos diga que no ha estado solo, que ha estado acompañado y que se ha marchado dignamente.

Por tanto, entiendo que las imágenes pueden tener un interesante uso terapéutico, que pueden ser herramientas para procesar la enfermedad y el duelo en la distancia… pero que no sirve cualquier fotografía o imagen, que dependiendo de las circunstancias y el contexto hay que ser muy cuidadosos con el mensaje que pueden transmitir esas imágenes, y que estas tampoco son una herramienta válida para todas las familias. Por otro lado, también es muy importante quién las toma y que esa persona, además de ser un profesional de la fotografía, tenga una sensibilidad muy especial para poder valorar qué fotografiar, cuándo, dónde y cómo, y poder tratar con la delicadeza necesaria en esos duros momentos con las familias.

En la actualidad, como ya he comentado, hay un interesante caso de fotografías postmortem: las que se están empleando en esta línea en casos de muerte perinatal y neonatal en diversos países, casi siempre por medio de entidades que surgieron precisamente de la necesidad experimentada por padres que perdieron a sus niños durante los embarazos o justo después de nacer y echaron en falta tener imágenes que honraran y recordaran con amor a esos bebés.

Por tanto, una vez identificada esta necesidad, se está trabajando en diferentes lugares con la opción de realizar unas fotografías familiares (postmortem) para que los padres puedan guardar un recuerdo de sus niños dentro de su álbum familiar. Son fotografías familiares (insisto nuevamente en la importancia del vínculo, del cariño, de la dignidad y del acompañamiento en este tipo de imágenes) que se atesoran porque tienen el incalculable valor de ser las únicas de esos niños, que con frecuencia eran muy deseados y amados, unas imágenes que se pueden guardar en la intimidad o que pueden ser de utilidad para que el resto de la familia pueda conocer a esos miembros importantes y amados, que pasaron tan fugazmente por este mundo que no pudieron ser conocidos en persona.

Pero sí, seguramente a algunos de vosotros se os está removiendo algo con sólo leer todo esto: no siempre este tipo de imágenes son comprendidas. Precisamente por lo sensible del tema, por lo delicado de la situación, este tipo de fotografías no son comerciales sino que se realizan frecuentemente por fotógrafos voluntarios, los procesos suelen ser gestionados por ONGs o por organizaciones sin ánimo de lucro como es el caso de NOW I LAY ME DOWN TO SLEEP o Umamanita, con la asistencia de profesionales de la salud… y siempre partiendo de la voluntad o de una petición de los padres. Comprendamos o no este tipo de imágenes, creo que estos días todos tenemos especialmente claro que la muerte de un ser humano sin dejar rastro ni huella, más allá de unas cenizas, en la distancia, nos deja a todos con un vacío en el alma y el corazón encogido.

En el caso del COVID-19, la salud de los que sobreviven es prioritaria, por lo que efectivamente los funerales no se celebran, los cuerpos se incineran… y todos hemos de ser comprensivos con esto. Sin embargo, en estos días yo tengo en la mente de forma constante esos duelos que no se están canalizando de la forma habitual. Si yo tengo una disociación de la realidad estos días encerrada y no me pasa nada… no quiero ni imaginarme lo que sería perder a un familiar cercano sin poder salir de casa y no poder estar a su lado durante su enfermedad ni despedirlo como se merece.

Por otro lado, hoy mi madre me comentaba que le extrañaba que si ha muerto Lucía Bosé no se le haya hecho un homenaje o algo similar. En estas circunstancias, entiendo que no se puede hacer casi nada. Por tanto, tengo la sensación de que la muerte, estos días, parece pasar de puntillas por nuestras vidas para ir a engrosar las estadísticas.

Quizás no sea yo una persona muy normal, pero me choca mucho estos días recibir correos con promociones de moda, leer noticias sobre el look para estar en casa de alguna influencer o recibir constantemente bromas o consejos para mantenerme en forma o seguir teniendo actividad cultural… Me sobrepasa este esfuerzo colectivo por hacer divertido y entretenido todo esto. Supongo que es lo que tiene vivir en la sociedad del espectáculo, el entretenimiento y la diversión constante pero… ¿y si lo que le apetece a una es estar tranquila, reflexionar un poco, y rezar, o meditar, o guardar un poco de respetuoso silencio por este drama colectivo?

En fin. No sé si las fotografías pueden ayudar a procesar estos duelos y a asumir lo que está pasando, pero creo que este mirar hacia otro lado, este pasar de puntillas sobrevolando la tragedia, tampoco es sano. Como sociedad necesitamos encontrar también una forma de visibilizar el dolor con dignidad y respeto, y llorar sin miedo a los que se están muriendo.

Con los últimos atentados de este siglo han surgido de manera espontánea altares públicos, en la calle, en los que se procesaban duelos colectivos. Con este confinamiento no es posible… pero hemos de encontrar un modo, como sociedad, para llorar nuestras penas… online si hace falta, por Whatsapp o por Facebook si es necesario. Sin embargo, me extraña, estos días, que el barullo de todo lo que se nos invita a hacer para que parezca que no pasa nada no nos deje escuchar el llanto de aquellos que sufren. Escuchaba ayer a la directora de una residencia de ancianos explicar llorando la situación en la que se encuentran, con cadáveres que esperan ser recogidos, personal de baja y otros haciendo turnos interminables, mientras personalizaba el drama para pedir que no se les culpabilice, que no se les estigmatice. Somos muy dados a encontrar héroes y villanos. Pero quizás sólo tenemos frente a nosotros a otros seres humanos desbordados que hacen lo que pueden, en circunstancias más o menos complicadas.

En todo este contexto, entiendo el interés por entretenernos, por subir el ánimo, por mantenernos ocupados, por hacernos sentir acompañados… pero creo, de verdad, que el silencio, el tiempo para pensar, el aburrimiento y hasta las lágrimas o las conversaciones a corazón abierto sobre lo que nos pasa son tan necesarias o más que las bromas, los chistes y la actividad constante. Las estadísticas, los excels, las tablas y los números son necesarios para controlar la pandemia… pero creo que es también importante la búsqueda de nuevos rituales de duelo, de nuevas formas de velar a los que se van y acompañar en el dolor a los dolientes que estos días pierden a sus seres queridos desde la impotencia del confinamiento.

No sé si la fotografía post-mortem puede ser una vía: me temo que no sería lo más popular en este tiempo. Pero lo que sí tengo claro es que deberíamos tener un debate abierto sobre el tema y tratar de encontrar, entre todos, una vía para canalizar todos los duelos que se agolpan estos días al otro lado del silencio.

7 comentarios sobre “Fotografía post-mortem y nuevos rituales de duelo… reflexiones durante la cuarentena del COVID-19

  1. Rebeca, muy interesante el articulo, especialmente cuando llamas a la sensibilidad, reconozco que debemos permanecer optimistas pero hay mucha gente de duelo y mucho dolor en el mundo. el silencio y la reflexión definitivamente lo que entiendo es prudente.

  2. Me gustó mucho tu artículo y se me dieran a escoger claro que pediría fotos de mi familiar en relación a sus últimos días de vida, mejor una imagen o video a imaginar que fué de él en esos días y a lo mejor me ponga más triste.
    Y de lo que comentas de alguien famoso que muera y no se le pueda hacer un merecido homenaje, creo ahí si se deberían poner las pilas y hacerles un homenaje virtual, ya sea su club de fans o alguien muy cercano a esa persona y quiera darle esa última despedida a como se lo merece, que si otras hubieran sido las circunstancias pues se habría hecho.

    Saludos y te sigo desde la Ciudad de Tampico, Tamaulipas, de los Estados Unidos Mexicanos.

    1. Gracias por tu comentario, Raymundo. Yo creo que todo ser humano, famoso o no, se merece un homenaje o una despedida digna. Creo que se están haciendo muchas por las redes sociales, pero son los medios de comunicación los que creo que están relegando este tipo de duelos colectivos a un segundo o tercer plano.

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