SALDO NACIONAL: excelentes profesores universitarios por sueldos miserables


Los que seguís este blog sabéis que no suelo meterme en temas políticos ni hablar de los conflictos laborales que obviamente nos rodean en el día a día, pero hoy quiero hacer una excepción porque la situación es insostenible y, como dijo Blas de Otero en uno de sus más conocidos poemas: Pido la paz y la palabra.

Explicar brevemente cómo veo yo la situación de la universidad pública española es imposible, porque acumulo demasiados años de puertas cerradas, callejones sin salida, bucles perversos, sueldo irrisorio, responsabilidades altas, reglas de juego que cambian justo antes de que nos vayamos de vacaciones para que nadie diga nada… pero si quisiéramos concentrarlo en una palabra ésta sería: miserable. Lo siento en el alma, pero la impotencia me brota de muy adentro. No puedo más: estoy harta de esta batalla por una existencia tranquila en la que no tenga que replantearme el futuro cada semana. Como resumía hace un año El País en el titular: “Profesor universitario por 300 euros“… casi doce meses después: la oferta sigue vigente.

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Títulos y certificados para la solicitud de Acreditación como Profesor de la AQU, del Instagram de Rebeca Pardo, 26/10/2015

Por éste y otros motivos que iré detallando, hoy la Asamblea de Profesorado Reclamante de la Universitat de Barcelona (APR-UB) se suma a la huelga convocada por los estudiantes para denunciar las “condiciones de extrema precariedad laboral de cerca de un 40% de la plantilla de personal docente e investigador”. Personalmente creo que las huelgas de un día no sirven para mucho, pero considero que cada quien ha de poner su granito de arena en esta lucha colectiva por la dignidad laboral en la universidad pública (en el entorno privado el tema es completamente diferente y algunos podemos vivir gracias a ello) y por eso escribo esta entrada en mi blog dando la cara y poniendo mi nombre a una experiencia absolutamente personal pero extrapolable a la de cientos o incluso miles de compañeros.

Vaya por delante que no tengo ninguna queja de mis jefes directos, que mi protesta es sobre un sistema mezquino que bajo la excusa de la internacionalización, la calidad y la excelencia pone condiciones de excelencia a unos asalariados a los que no está dispuesto a reconocer ni en sueldo ni en méritos los logros académicos de los que, por otro lado, se alimenta para alcanzar los estándares internacionales que necesita. Un sistema académico ruin que utiliza una figura laboral pensada como complemento para profesionales del sector laboral para tener personal académico investigador sin pagar lo que esto último implica.

Para que los extraños a estos temas lo comprendan de un modo sencillo: para dar ciertas asignaturas especializadas hay que tener detrás una investigación que implica poder dedicar tiempo de calidad a un proyecto que posiblemente implique viajes, estancias en el extranjero, compartir conocimientos en congresos y publicaciones. A las universidades se les exigen estos resultados y ellas a nosotros. En otros países, no sólo el investigador académico recibe un pago mensual que le permite vivir de su trabajo, sino que se considera que la universidad ha de cubrir los gastos de viajes, estancias y demás… como sucede con cualquier empleado al que su empresa envía por cuestiones laborales fuera de su casa. De este modo, habitualmente cuando yo he ido a congresos internacionales con colegas de otros países, ellos tenían todos los gastos pagados y habían realizado su conferencia o texto en horario dedicado a la investigación en su contrato… y yo mayoritariamente he pagado de mi bolsillo el congreso, el viaje, el alojamiento y he preparado la conferencia o escrito el artículo en mi tiempo libre (que teniendo en cuenta que soy pluriempleada y autónoma… es infinitamente menor que el suyo) y… ¡tachán! en alguna ocasión he tenido que buscarme un sustituto pagando yo para dar mis clases o recuperarlas a mi regreso. Sí, yo también lo tengo cada vez más claro: soy idiota.

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Conferencias, congresos, publicaciones indexadas…, del Instagram de Rebeca Pardo, 25/08/2015

Esto se ha convertido en un completo despropósito en el que la excelencia de la universidad se consigue en parte con las publicaciones y las investigaciones que hacemos los que supuestamente no somos investigadores ni doctores (aunque lo seamos) pero no nos ofrece absolutamente nada a cambio: ni siquiera el permiso para irnos a uno de esos congresos o la facilidad para organizarnos la docencia de manera que podamos hacer esas estancias de investigación que nos piden. Y cuando digo nada, es que hace poco decidieron que ni siquiera tenemos derecho a tener PDA (Plan de Dedicación Académica). Lo que hacemos, por tanto, no sólo es que lo hagamos por amor al arte, sino que además es invisible para lo que nos interesa a nosotros (reconocimiento oficial de la investigación, de las horas dedicadas…) pero no para lo que interesa a la universidad, que gracias a nuestro dinero y a nuestro tiempo consigue publicaciones y congresos. Y si, digo dinero porque se ha de publicar en revistas indexadas que en muchos casos cobran por publicar (y podemos estar hablando tranquilamente de miles de euros porque te incluyan un artículo) y en las que con frecuencia hay que enviar los textos en inglés académico (nuestro inglés siempre necesitará un “proofreading” o un traductor y los profesionales de la lengua ganarán por este trabajo el equivalente a dos o tres de nuestros salarios mensuales como profesores asociados… pero nosotros no sólo no cobramos por escribirlos sino que además terminamos pagando). ¿Nos estamos volviendo locos o qué? Es decir: ¿que cobramos menos de 500 euros al mes por hacer 3/4 partes de una jornada laboral por la que otros cobran 2500 euros y hemos de invertir nuestro tiempo libre y el dinero no en comer o en pagar alquileres o hipotecas (o colegios de los niños) sino en publicar artículos en inglés para mayor excelencia de las mismas universidades que nos dan una limosna en vez de un sueldo?

Y si la situación es ésta: ¿por qué no nos vamos? Eso a veces nos preguntamos nosotros también. Supongo que porque nos mueve una vocación superior a cualquier ambición económica, porque nos gusta lo que hacemos y creemos en que es posible una educación de calidad. Seguramente somos ilusos, pero seguimos creyendo que se puede hacer algo, que hemos invertido tanto en esto que realmente dejarlo sería como tirar por la borda muchos años de renuncias y sacrificios (sólo por poner un ejemplo: las tesis doctorales suelen dejar a su paso un rastro de pérdidas personales y afectivas considerables).

Sin embargo, todos somos conscientes de lo complicado de cambiar esta situación. ¿Por qué? Porque en la UB un titular cobra entre 5 y 6 veces el sueldo que el asociado que más recibe y hace sólo 1/4 más de jornada laboral que éste. Es decir, que por el sueldo de un titular tienes a 6 profesores asociados que van a hacer el trabajo de 4 titulares y medio. Pero ahí no acaban los motivos de los intereses en que la situación no cambie: también hay que tener en cuenta que los titulares (o los catedráticos) pueden o no hacer investigación, publicar… pero siguen cobrando su sueldo y no han de preocuparse por su situación futura en la universidad pero con los asociados se sigue el juego perverso de exigir investigación, publicaciones, congresos… para poder conseguir unas acreditaciones de unas agencias de calidad externas (ANECA o AQU, por ejemplo) como profesor Lector, Agregado o Titular que permitan el acceso a las plazas que quizás un día se convoquen y para las que habrá que concursar (es decir: que no estamos trabajando con la garantía de que hay un premio al final del camino sino con una “zanahoria” que cada vez huele más a podrido y tiene peor pinta).

Pero esto no ha sido siempre así: la mayoría de los titulares que hay ahora mismo en la universidad no tuvieron que pasar por este proceso de acreditación en su momento y cuando muchos de nosotros empezamos en esto no sabíamos que nos irían cambiando las reglas de juego cada año. Por tanto, para aquellos que estén pensando en ser profesores en la universidad española que sepan que tras el grado (o licenciatura) se ha de hacer un máster y una tesis doctoral, que esto lleva unos cuantos años en los que si eres menor de 30 años puedes hacer con una beca que te permita una vida modesta pero si eres mayor… prepárate para leer y escribir por las noches, fines de semana y fiestas de guardar, y para sentirte culpable de cada segundo que pases sin trabajar en la tesis. Cuando la termines, con suerte, serás doctor. Con esto podrías ser profesor universitario a tiempo completo y con sueldo decente en gran parte del mundo… pero no en España, al menos no en la universidad pública. Aquí en la Universidad privada, como doctor, ya cobras más que un profesor licenciado o graduado, pero en la pública nada te diferencia en principio de ellos, aunque tengas tu título y tu investigación bajo el brazo: seguramente te ofrecerán el ya mencionado contrato de asociado por el que, como mucho, te llevarás algo más de 400 euros netos al mes. Y si ya eres asociado… pues seguirás exactamente igual pero con un titulito más en tu haber. Eso sí, la universidad gracias a tu nuevo título tendrá más puntos para su excelencia en ese porcentaje de profesores doctores que necesita. Si quieres tener un trabajo a tiempo completo (no hablamos de ser funcionarios ni de un trabajo para toda la vida) en la universidad pública española, toca acreditarse (en agencias como las ya mencionadas ANECA o AQU) con unos requisitos hiper-exigentes tomados de las ciencias en los que hay que tener puntos en estancias de investigación, grupos de investigación, publicaciones, congresos, innovación docente, docencia… (todo un esperpento cuando intentas cumplirlos desde las humanidades y más concretamente desde el ámbito artístico… en mi caso: fotografía).

Pero claro, como en este tiempo se han cargado en la práctica las figuras contractuales como el ayudante doctor que permitían ir trabajando e ir haciendo (básicamente porque si no las convocan es como si no existieran)… te va a tocar pluriemplearte mientras vas cumpliendo años e invirtiendo en un CV que cada vez pesa más y compensa menos (41 páginas tenía el que entregué la semana pasada en la AQU para solicitar mi primera acreditación como profesor lector). Porque esa es otra: hay compañeros acreditados como lectores, con todos los deberes hechos y aprobados por una agencia de calidad, que siguen siendo asociados e incluso, más trágico aún, que consiguieron un contrato como lectores en su día y que al terminarse los 4 o 5 años permitidos para este tipo de empleos, han regresado al cajón desastre de los asociados. ¿A que te suena a fantasía apocalíptica lo que te estoy contando? Pues no: real como la vida misma.

Varios diarios han recogido que un centenar de profesores de la UB reivindican “salarios justos y dignificación de las condiciones laborales del profesorado asociado, a través de la creación de plazas apropiadas al trabajo estructural que realizamos” (El Periodico y ARA). Un problema que comienza a ser endémico ya que, según datos que ofrece resumidos El Periodico: “En el 2013, en la UB había 2.092 profesores asociados, un 40% de la plantilla. Un profesor asociado que realice la mitad de la docencia (120 horas) que un profesor titular (que gana unos 2.500 euros al mes), cobra solo 338 euros netos al mes y si hace tres cuartas partes de la docencia de un titular (180 horas), cobra 500 euros al mes, según los reclamantes.” A esto último he de puntualizar que los 500 euros al mes son brutos y que, como es un contrato para profesionales en activo, los profesores asociados han de tener un trabajo por otro lado o ser autónomos y, por tanto, de esos 500 euros se les descuenta un 20% por ser pluriempleados. Esto en el mejor de los casos porque, desgraciadamente, con la crisis hay compañeros que han perdido sus otros trabajos o que no los consiguen y el trabajo como profesor es la base no sólo de su inversión de tiempo (porque para conseguir acreditaciones y poder desempeñar bien las labores docentes se invierten incluso los fines de semana y las vacaciones ) sino también de su economía (podemos estar hablando tranquilamente de personas muy formadas y con excelentes evaluaciones por parte de sus alumnos y de sus jefes directos, de más de 40 años y que pueden tener hijos a su cargo).

El Periodico recoge que: “según los profesores, muchos docentes cobran sueldos “por debajo del umbral de la pobreza””. A modo ilustrativo: he conocido a alguno que con lo que cobraba se pagaba el transporte al trabajo. No le daba para nada más. El Periodico recoge también el siguiente comentario de algún compañero: “Además de esta brutal discriminación salarial, hay que tener en cuenta que los contratos son semestrales o anuales y la incertidumbre del despido por la vía de la no renovación plana cada septiembre, incluso para quien, en contra del derecho laboral más básico, se encuentra en situación de temporalidad tras más de 10 años siendo contratado para hacer el mismo trabajo”. Esto no es algo excepcional. Muchos de los asociados llevan años firmando contratos anuales por curso. Hay casos de 15 y 20 años de contratos de este tipo. Hace unos años, en una reunión, salí deprimida después de escuchar a un abogado decir que el asociado no sólo es que no tenga un sueldo acorde al trabajo que desempeña o que tenga una situación de temporalidad que podría ser considerada ¿poco legal? sino que ni ¡¡¡siquiera tiene derecho al despido!!! Y es cierto: cada vez que uno de nosotros se va fuera de la UB vuelve a ser invisible porque como simplemente no se le renueva el contrato (que quizás haya venido renovando por 10 años) no ha sido despedido y, por tanto, ni siquiera se le reconoce el mínimo derecho a ser un número en las frías estadísticas. Deprimente, ¿no os parece?

Basta ya de verdades a medias y de buenas palabras que se lleva el viento. Comencemos a explicar a la gente la situación que sufrimos miles de profesores universitarios en este país. Felipe VI hablaba el otro día en apoyo de los investigadores. Recoge El País: “El rey Felipe VI ha señalado que en una “sociedad mundializada” como la actual es “bueno fomentar la vertiente internacional de las relaciones científicas para la movilidad de talento”, pero ha apuntado que ésta no puede ser “de ningún modo, consecuencia de una tasa de paro inaceptable””. Yo le diría que no es sólo un problema de paro, sino de precariedad laboral, pero claro… yo me preguntaba si nuestro Jefe de Estado puede ponerse en nuestra situación (“como cualquier joven de su edad”, solían decir). Me consta que él y su esposa se ha bajado solidariamente un 20% de un sueldo que se ha quedado en la módica cifra de ¿más de 230.000 € sólo el de él? y un profesor asociado de la UB cobra alrededor de 6.000€ brutos anuales por hacer docencia e investigación. Dicen que él está muy preparado… nosotros también. Pero claro, él ha heredado el puesto de su padre y nosotros nos lo tenemos que ganar a pulso (y “sin agenda de contactos”). Con su sueldo rebajado se pagaría a más de 38 profesores, algunos de ellos con doctorados y más años que él en el cargo. ¿Puede alguien como él ponerse en nuestra situación? A mí, personalmente, me cuesta creerlo. En cualquier caso, al menos él habla del tema. Pero lo fuerte es que lo haga rodeado de personas como “el presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Emilio Lora-Tamayo” que al parecer, según recoge El País: “ se ha referido a la marcha de investigadores españoles de España por la falta de salidas profesionales aunque ha puntualizado que se trata de una leyenda urbana exagerada”. ¿Leyenda urbana exagerada? A mí me va a dar algo.

Me vas a disculpar, pero a estas alturas siento que me están tomando el pelo. TODOS. Si yo tengo que acreditarme para la calidad de la docencia, pido que todos los jefes, los políticos y altos cargos del gobierno tengan también que hacerlo para poder asegurar también unos mínimos de calidad en nuestros dirigentes (por ejemplo, hablar en inglés cuando ostentan cargos de responsabilidad internacional). Y que sus salarios sean también como los nuestros hasta que sean capaces de acreditar sus conocimientos y su capacidad de ejercer un puesto de esa responsabilidad. Pero claro, cuando una compañera le dijo algo así a un responsable universitario, el otro sorprendido, le dijo algo así como que entonces nadie querría ser Rector… no claro, es que nosotros tampoco queremos ser asociados. ¿Por qué la gente quiere para los demás lo que jamás aceptaría para sí mismo?

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“Primera mañana de… ¿vacaciones? Jajaja”, del Instagram de Rebeca Pardo, 29/07/2015

Una compañera de la UB dice desde hace años que sus clases en la universidad son un vicio caro y a mí esto me cabrea cada vez más (básicamente porque es cierto). No podemos seguir escuchando impasibles cómo nos piden paciencia y sacrificio porque estamos en crisis y hay que abrocharse el cinturón porque “todos vamos en el mismo barco” mientras veo en las noticias en qué se va el dinero que se ahorran con mi salario y el de tantos otros: tarjetas black? paraísos fiscales? Sobres?

Hoy mis compañeros hacen huelga, se manifiestan, y yo escribo. Todos remamos en la misma dirección: pedimos que se reanuden las negociaciones entre el equipo rectoral y el comité de empresa para regularizar la situación de los falsos profesores asociados. Pedimos que en este país haya una carrera académica digna y viable para todos. A esto es a lo que debemos poner ilusión: a conquistar nuestros derechos y nuestra dignidad laboral, y no a seguir quemándonos por salarios miserables (que durante la crisis se han mermado considerablemente porque no tenemos las ventajas de los funcionarios, pero nos aplican los mismos recortes que a ellos) mientras la educación se elitiza, los alumnos cada vez tienen más problemas para pagar sus matrículas y no llego a saber (aunque puedo imaginar) a dónde van a parar los beneficios de nuestro trabajo precario.

Llegados a este punto en el que el futuro es de color hormiga, en el que nuestro trabajo ni se valora ni se paga, en el que se nos equipara con los funcionarios o con maestros de la ESO para criticarnos pero no para pagarnos al menos lo mismo que a ellos ni para darnos sus mismas condiciones laborales… hoy he llegado a la conclusión, recordando a Blas de Otero, que sólo nos queda la palabra. Y aquí estoy, en esta mañana triste de desencanto, para publicarla.

EN EL PRINCIPIO

(Blas de Otero)

Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra.

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16 comentarios sobre “SALDO NACIONAL: excelentes profesores universitarios por sueldos miserables

  1. Me parece terrible vuestra situación.
    Pero como tú bien dices o Blas 🙂 “Nos queda la palabra” pero también la !!!ACCIÖN!!!
    Por lo menos con nuestro voto. . . . . Aunque no soy de las que confian en eso. . . .
    !!Animo!!! Que al final por lo menos te queda la sensación y el placer de las cosas bien hechas .

    1. Hola, Laura,
      Gracias por el apoyo moral. Yo tengo la suerte de contar con más trabajo y no depender de la universidad pública, pero realmente hay compañeros que lo pasan muy, muy mal y creo que es una situación muy injusta porque metemos todos muchas horas, trabajo, formación, esfuerzo, ilusión y ganas. Y lo de las cosas bien hechas… yo creo que se hacen mejor cuando te puedes concentrar en lo que haces. Pero mientras importe más lo que se ahorran con los profesores asociados que la calidad de la docencia… la situación no cambiará. En fin: queda mucho trabajo por hacer.

  2. Yo acabo de negarme a llevar a cabo una investigación por la que además tenía que pagarme todos los gastos de desplazamiento y alojamiento. Lo siento, pero estoy harta de trabajar para tener un buen curriculum. Necesito trabajar y cobrar.

    1. Hola, Marga,
      Te entiendo perfectamente. Yo también me he negado ya a unas cuantas cosas “de las que dan puntos” y no dan de comer. Y no es el fin del mundo. Sobre todo porque, como le decía hace unos días a una persona: a mí ya me sobran los puntos y puedo empezar a empapelarme la despensa con ellos… por no decir otra cosa. Si te sirve de consuelo o de ánimo, desde que me niego a trabajar por nada tengo más trabajo remunerado. El problema es que algunos se ofenden de que diga que no… sorprendidos de que el chantaje de los puntos y el CV ya no funcione. Pero si yo he de entender que no es su culpa que no puedan pagarme, que es el sistema el que se ha pervertido, ellos han de comprender que yo no acepte ciertos encargos que son directamente un abuso sintiendo mucho complicarles la vida… exactamente igual que ellos se sentían mal por complicarme a mí la mía con todas las cosas que he hecho sin cobrar. En fin: la situación es vergonzosa y profundamente injusta con nosotros. Yo creo que cobrar por el trabajo es un derecho fundamental de todos y que hemos de hacer todo lo que podamos por cambiar este sistema académico perverso en el que nos hemos visto inmersos.

  3. A mí me pasa lo mismo en Valencia, no diré dónde pero bueno me parece que ahora mismo en todas las privadas se cuecen habas. Ni contrato ni leches, cobras facturas y a saber cuándo les da por pagarte, por créditos y te tiran encima una cantidad de alumnos impresionante, con lo que si quieres hacer tu trabajo medio bien acabas haciendo no jornada completa, sino muchas noches (prácticamente todas) y sin días libres para un trabajo que no te daría ni para medio comer, y olvídate de trabajar en nada más, no te dan las horas. Los coordinadores son unos sinvergüenzas que son los únicos que cobran un sueldo con contrato, poniéndote carita de innovadores y fabulosos luego pasan de todo, solo piden y piden más y cuidado que también tienes que postrarte ante ellos enseñándoles el culete y darles las gracias, este año se me ocurrió protestar que una compañera me estaba haciendo el trabajo muy difícil (básicamente porque ni hace ni quiere hacer ni el huevo) y me estaba cargando yo con las culpas. Craso error, ahora encima les da por hacerme mobbing: no me avisan de los cambios importantes relacionados con mi asignatura, me quitan el trabajo que me corresponde como si no lo supiera hacer yo… dicen que el mobbing es psicológicamente devastador y en otros contextos no lo dudo, pero yo en esta situación la verdad es que me estoy muriendo de la risa. No me puedo creer que se piensen que voy a sentirme mal por el riesgo de perder un “trabajo” por el que cobro menos que una jornalera o cajera de supermercado, trabajos honrados donde los haya que te dejan hasta para alguna hora de sueño y muy preferibles a ese circo. El panorama va más allá de triste, en el fondo dan todos pena, docentes que no dudo que tienen mucha calidad y mucho potencial pero que están en una situación totalmente estúpida, todos ellos, los coordinadores persiguiendo día tras día a los profesores “colaboradores” para que hagan su puto trabajo a tiempo y los “colaboradores” ahogados de tal cantidad de trabajo que les ha caído encima sin verlo venir mientras se preguntan de qué van a comer o si afecta mucho la salud no dormir, y en consecuencia del estrés se van pegando mordiscos entre ellos pero que no se vea, que lo que se vea es que se hace mucha innovación, mucha investigación, mucha colaboración con universidades de fuera y todo muy chuli. Hasta los alumnos acaban flipando cuando se encuentran con el percal de frente, y eso que la mayoría se matricula para no dar palo al agua y que les regalen el título y efectivamente (aunque algunos trabajan mucho y creen en lo que hacen, eso sí. Son una desoladora excepción).

    1. Estimada Mar,
      Lamento mucho lo que te está sucediendo. Por el tono que empleas, creo que está siendo muy duro. Mi experiencia en la universidad privada es mucho mejor que en la pública y no tengo quejas de mis coordinadores en ninguna de las dos, pero cada universidad y cada experiencia es un mundo. En cuanto al mobbing… yo lo sufrí hace años y no provoca ganas de reir. Es la experiencia más dura y más traumática que he vivido hasta este momento, así que ten cuidado porque termina afectando mucho.

  4. No se puede estar más de acuerdo contigo. Soy profesora asociada en una universidad pública en la que, independientemente del salario precario (de no recibir ayudas para ir a congresos y abonarlos todos con el dinero de mi bolsillo, de ser prácticamente la única que asiste y pública con regularidad papers, etc) y de dar muchas más horas que unos cuantos titulares, este curso no me han ni dejado poner un horario que se adecúe con mi actividad laboral. La “alta esfera directiva de sabios” ha decidido forzarme a adaptarme a algo que no me es compatible… Y es que otra cosa que hay que dejar patente es la cuestión relativa al “amiguismo” en los departamentos: si eres de su club tienes apoyos, si no lo eres ya puedes derramar los sesos para pensar estrategias para obtener apoyos que no lo conseguirás…
    En fin… que a estas alturas me veo obligada a dejarlo (más bien creo que es una “invitación” que indirectamente me están haciendo). Estoy cansada de tirar de un carro que ni siquiera lleva a ningún lugar, estoy cansada de dejar horas y horas de mi tiempo libre en algo que únicamente me ocasiona dolores de cabeza…
    Así funciona la universidad pública y así nos tratan a los “profesionales externos” que según la LOU préstamos apoyo puntual (me da la risa) a la universidad. La pena es no poder hacer algo para solucionar esta situación que, por lo que veo, a unos cuantos nos está machacando.

    1. ¡Hola! Lo siento mucho. Los niveles a los que se está llegando son muy preocupantes y somos muchos los que sentimos agotamiento y cansancio. Te agradezco el comentario y espero que consigas dar continuidad, en condiciones más faborables a tu trabajo.¡ Mucho ánimo!

  5. Dantesco. Vivo en Irlanda y tengo un amigo español que da clases en la universidad y las condiciones son buenísimas. Tampoco es que tenga envidia porque las condiciones de la empresa privada también son muy buenas no hay queja. Es una pena que España esté en esa situación, nunca tuve mucha confianza en el país (por mi condición de gallego quizás 🙂 ) pero tampoco imaginé que llegara a esta situación. Mucha suerte, algunos ya abandonamos ese barco hace muchos años.

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