Cristina García Rodero, Lucía Etxebarría… y el preocupante panorama de los profesionales de lo vocacional


Estos días me estoy cansando de escuchar en todas partes comentarios sobre la participación de Lucía Etxebarría en un reallity. Y esto me ha llevado a recordar todas las críticas que le llovieron a Cristina García Rodero por haber hecho el reportaje sobre Letizia Ortiz en su 40 cumpleaños. No voy a entrar a discutir los motivos que cada uno tiene para hacer las cosas que hace y menos en los tiempos que corren y mucho menos la trayectoria o la calidad intelectual/artística de personas que, como poco, tienen muchos más premios y seguidores de los que probablemente vaya yo a tener en toda mi vida. De eso ya se está encargando, por lo que parece, media humanidad (en cualquier caso, creo recordar que alguno de esos sabios sapientísimos, ¿Schopenhauer?, dijo aquello de que el valor de un hombre se mide por el número de sus enemigos. Supongo que esto también es válido para una mujer…). ¿Dónde queda aquello de “quien esté libre de pecado…”?

A mí lo que me interesa de estas historias es que el primer fotógrafo español que consiguió entrar en la prestigiosísima agencia Magnum o una escritora laureada con un premio planeta y un Nadal, ambas con un reconocimiento internacional innegable y un poder de convocatoria que constatamos simplemente por la repercusión que han tenido sus actos, se decidan a hacer algo que ambas seguramente sabían que tendría unas repercusiones importantes en su trayectoria. Algo que no es, en ninguno de los casos, ni criminal ni delictivo ni fraudulento… claro que, a lo mejor, éste ha sido el problema en un sistema de ¿valores? que yo ya casi prefiero no entender.

El caso es que seguramente Cristina García Rodero cobró por sus fotografías “institucionales” más de lo que seguramente cobra en cualquiera de sus exposiciones y Lucía Etxebarría dijo que cobraba más en una semana en el reallity que por su último libro. A mí no me cuesta mucho creer que ambas tomaran esta decisión por motivos económicos ya que todos sobreentendemos que el espectáculo está bien pagado y lo intelectual o lo artístico… digamos, siendo muy políticamente correctos, que no tanto. Lo que yo echo de menos estos días (como lo hice cuando sucedió lo de Cristina García Rodero) es una reflexión sobre en qué nos convierte este desequilibrio pecuniario o salarial a nosotros, a nuestra cultura, a nuestro sistema educativo… A mí me parece estupendo que los grandeshermanos, los tertulianos y los que se van de “bolos” cobren a doblón su tiempo. Si hacen bien su trabajo: se lo han ganado y si no… no soy yo quien se lo ha pagado. Lo que me parece fatal es que haya oficios en los que el trabajo invertido en una obra no sea recompensado en su justa medida. Que conste que no hablo de pagar por títulos ni por fama ni por conocimientos. Hablo de que se debería reconocer económicamente con justicia las habilidades de cada quien (a veces reforzadas por una educación amplia y otras por un oficio aprendido en el propio desempeño de la labor, sea esta la que sea).

No tengo nada en contra de que aquellos que exponen su vida cobren mucho. Todo tiene un precio y si hay alguien dispuesto a pagarlo y alguien dispuesto a venderlo: pues todo el mundo contento. Pero estos días pienso en todos los alumnos excelentes que, al terminar el curso, se han sentado en mi despacho y me han dicho aquello de que se van del país porque aquí no hay nada para ellos. De todos los que terminan trabajando en “otra cosa” para financiarse las obras con las que se enriquecen otros que entienden que bastante tiene el artista/escritor con el reconocimiento que obtiene gracias a su “intermediación”.

Pero no sólo hablo de los artistas o los escritores. El problema es mucho más amplio y más extenso. Hoy sentía ganas de llorar viendo en las noticias a la gente del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) presentando 235.000 o 240.000 firmas para intentar “salvar” su institución. No voy a contaros la situación de precariedad que existe en la Universidad española con profesores asociados que están cobrando cientoypico, doscientosypico o cuatrocientosypico euros al mes con doctorados, reponsabilidades y problemas que, al parecer, nadie quiere ver ni solucionar. ESTO NO ES NOTICIA porque todo el mundo cree que en las universidades se cobran fortunas y que los profesores “vivimos muy bien”.

También pienso en todos los profesionales de la fotografía que han dedicado una vida entera a aprender un oficio y ahora se ven en la calle o cobrando miserias porque ahora parece que no deberíamos cobrar por trabajar ya que lo nuestro consiste tan sólo en “apretar un botón”. Y no puedo evitar acordarme de todos los amigos que han publicado un libro cobrando apenas nada por años de trabajo en la escritura porque “ya suficiente recompensa es que te publiquen el libro”. Y no contaré penas propias… para qué.

¿Cuál es el futuro de los artistas en general, de los fotógrafos en particular, de los escritores, investigadores, profesores universitarios… en este país? Más de una vez me he reído diciendo, cuando hablamos de la precariedad, que quizás el mejor futuro que nos podría esperar a es que nos hicieran un reallity y nos metieran a todos dentro. Y esto, de pronto, ha comenzado a hacerse realidad al ver a una persona como Lucía Etxebarría ahí dentro. No porque considere mejor o peor ni a la escritora ni al concurso. No se trata de eso. Para mí la cuestión es la frontera que separa el espectáculo de lo que no lo es y la severidad con la que juzgamos a unos y la manga ancha con la que otros se van “de rositas”. Y hablo de que no sabría decir con exactitud cuántos altos responsables de la crisis bancaria de este país están en la cárcel (¿Ninguno aún? Debe ser que no estoy bien informada porque esto no debería poder ser cierto) mientras a personas como Cristina García Rodero les sale muy caro tratar de ganar un dinero con un trabajo más “institucional”. ¿Tánto daño hizo al recibir un encargo, que no tenía nada que ver con su trabajo fotográfico habitual, pero que era también fotografía y hacerlo a gusto de su cliente? Disculpadme de nuevo por la mala memoria. Ya sabéis… los estragos de la edad y la falta de neuronas pueden hacer mucho daño. ¿Acaso no hay muchos fotógrafos en este país que han hecho exactamente lo mismo (con clientes menos “glamorosos” y seguramente esto j*** mucho) y nadie los ha criticado por ello (de hecho, me pregunto cuántos de los que la han criticado se hubieran negado a entrar en Casa Real a fotografiar a Letizia Ortiz y a los dos primeros herederos de la corona… y encima cobrando… tal y como está el panorama. Aunque sólo sea por curiosidad malsana…)?

En cualquier caso, está claro que ambas cruzaron una frontera al aceptar un trabajo que ha resultado chocante para todos. La cuestión es que más allá de las críticas que han llovido a ambas yo quisiera ir más allá. Ir al por qué, con lo complicado que es para las mujeres llegar a ciertos estatus intelectuales, artísticos o académicos en este país… por qué sabiendo que les lloverían las críticas, por qué tomaron esa decisión. Y desgraciadamente, la respuesta es muy simple: porque les pagaron por trabajos de poco tiempo y menos artísticos o culturales lo que no cobrarían seguramente por un libro o por una expo… es decir: por el trabajo por el que han recibido los premios y el prestigio.

Tengo un gran respeto por todo aquel que nos haga reír o llorar, por todo aquel que nos entretenga con mayor o menor tino… pero hay cosas que deberían cuidarse y respetarse al menos tanto como el espectáculo y los feroces apetitos mercado. Y creo que esto se está perdiendo de vista.

Estos días también escuchaba cosas sobre los turistas y el balconing, sobre las “fiesteras” que se levantan las camisetas y son tocadas… y me siento un poco extraterrestre porque de lo que están hablando es de mi país. De un lugar que, al parecer, se está convirtiendo en ¿qué? ¿En un infierno del que hay que salir corriendo para quienes luchan por la cultura, por el arte, por las letras, por la educación o por la sanidad? ¿En una chistera en la que metemos intelectuales literarios premiados y sacamos protagonistas de la televisión espectáculo que son conducidos directamente al paredón de los enjuiciados? ¿En un lugar turístico que fue conocido por sus grandes atractivos arquitectónicos y artísticos (sumados, obviamente, al sol+playa) y ahora es sinónimo de borrachera y desmadre low-cost? ¿En un paraíso para los chorizos de todo el mundo y para los señores que mejoran sus ya nutridos salarios con “sobresueldos” y “regalos” a costa del sudor de todas nuestras frentes?

Una vez me equivoqué al marcar una casilla de la declaración de Hacienda (una cuestión tonta sobre alquiler autonómico o estatal de la que no tenía ni idea) y me enviaron una carta tremebunda citándome para que pagara una multa. Cosa que hice ipso facto (creo que Lucía Etxebarría también ha dicho que todo ha estado motivado por un tema de Hacienda). ¿Cuántos de esos señores/as de “guante blanco” que hacen cosas “ligeramente” peores que equivocarse al marcar una casilla pagarán una multa? ¿Cuántos devolverán lo que se han llevado? ¿Cuántos irán a la cárcel o, al menos, serán inhabilitados? ¡Ah no, que ellos no han hecho nada malo: ellos simplemente son más listos que nosotros! ¡¡¡Lo que hay que escuchar a veces!!!

Me da una pena infinita que se hable tanto del papel mejor o peor que ha hecho una intelectual en un reallity o de cómo alguien “corrompe” su arte… y no se comente casi nada del tema de las firmas recogidas por el CSIC… por ejemplo. Si quieren llorar, que llamen a unos cuantos profesores asociados de cualquier universidad y que les dejen explicar su situación o que llamen a cualquier parado de larga duración… Pero esto no vende. No somos “rentables”. Sólo somos la tierra sobre la que se cimienta la cultura, el arte, el pensamiento, la educación, la sanidad… y otros muchos pilares del futuro de cualquier país. Aunque no lo digan: esto se está convirtiendo en un desierto en el que habrá unos pocos oasis de privilegiados y mucha duna seca sobre la que no podrá construirse nada. Pero, no nos engañemos, a algunos les encantan los desiertos, sobre todo… porque saben que ellos estarán a la sombrita y con los pies en remojo en uno de sus oasis o en el de uno de sus amigos.

¿Y por qué pasa esto? ¿Por la crisis? Sí, un poco. Pero esto viene de más atrás, de esto tan nuestro de considerar que algunos trabajamos porque nos gusta (que sí) y que nos alimentamos de nuestro ego (que NO: que por grande que éste sea es más nutritiva la clásica tortilla de patata de toda la vida… que tampoco aspiramos a desayunar todos los días caviar de beluga). Por eso nos proponen que hagamos muchas cosas ad honorem (que suena más pretigioso que “por la cara” pero es la misma cosa) o nos proponen sueldos que rozan lo miserable… y al final todos terminamos corrompiendo nuestro arte y nuestro talento con cosas más prosaicas y menos “espirituales”. Porque, al final, todos tenemos lo que se suelen llamar “gastos fijos” e “imprevistos” que no entienden de vocaciones, de crisis ni de monsergas. Y esto tiene difícil solución porque entre el intrusismo profesional y las ganas de muchos por ver publicado su libro o sus imágenes… la ley de la oferta y la demanda hace estragos entre nosotros.

Es duro ver cómo año tras año tus alumnos regalan sus fotos con la ilusión de que esto les abrirá las puertas de un buen trabajo, de un futuro… y al cabo de un tiempo te vienen con el desencanto del “se han aprovechado de mí”. Y yo a veces me callo el “ya os lo avisé” porque todos hemos soñado alguna vez y nos hemos querido creer que los cantos de sirenas anunciaban el paraíso y otras veces no consigo evitarlo. Por eso, sean cuales sean los motivos, a mí ya no me extraña que una persona cruce la línea del espectáculo o se termine dejando pagar por el mejor postor y tampoco me extrañan los resultados.

Seguramente el próximo libro de Lucía Etxebarría se venderá como churros (bien por ella). Y no será la última escritora o intelectual o profesional de algún ámbito no perteneciente al show business que veremos en esta tesitura. Y repito que no me parece ni bien ni mal. Allá cada quien con sus “cadaquienadas”. Pero lo que sí me parece triste es que un escritor no cobre más por un libro que el salario semanal de un participante de un reallity, me parece deprimente que algunos políticos/representantes nos tomen por imbéciles diciendo aquello de que no se han dado cuenta de que ha habido muchísimos miles de euros pasando por sus cuentas, por sus manos o por sus bolsas de la basura… porque ellos no saben lo que cobran. ¡¡¡¡CLAAAAAAAARO!!!! ¡¡¡POBRECITOS!!! Si es que realmente lo que me dan es pena.

Como me dijo hace poco un alumno desesperado porque le habían denegado una beca que implicaba, probablemente, que tuviera que dejar de estudiar: “yo sólo les deseo a todos ellos que un día tengan que ganarse la vida con un trabajo honrado”. Y sí: lo suscribo. Como dice mi padre, un hombre muy sabio en las cosas de la vida: “nadie se ha hecho rico trabajando”. Si tuvieran un trabajo como los nuestros (porque algunos somos tan viciosos en esto de lo vocacional que tenemos varios empleos al mismo tiempo) sabrían que los miles de euros no se ponen en bolsas de basura, que uno no vive en ciertas casas de ciertos barrios ni conduce ciertos coches con chóferes ganando ciertos salarios… pero, claro, tampoco sé si todos ellos saben lo que es “ganarse el salario” y, en cualquier caso, ellos no hacen lo que hacen por amor al arte. Ellos no “disfrutan” trabajando, ni están haciendo lo que les gusta (o sí: lo que pasa es que a lo mejor lo que “les pone” presuntamente es delito y han de hacer como que hacen otras cosas más ¿respetables?).

El problema lo tenemos todos nosotros, los que tenemos una vocación, porque esto no nos llevará, seguramente, a hacernos ni ricos ni respetables. Me he esforzado mucho por olvidar algunas cosas que he escuchado, pero creo recordar que decían que un ministro de cuyo nombre prefiero no acordarme comentó alguna vez algo así como que los estudiantes de humanidades deberían pagar más, o no tener becas… o algo parecido porque hacer ciertas carreras era algo así como un vicio. Lo de robar dinero, especular, estafar ancianos, precarizar a todo un país… parece ser que no es un vicio. Por eso a ciertas personas las cuidamos y a otras… bueno, a otras las desprestigiamos, las precarizamos y las condenamos a vivir del aire.

No sé. Como decía Neruda: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”… porque lo que estoy viendo desmoronarse es nuestro futuro. Y no porque alguien vaya o deje de ir a un reallity, o haga fotos mejores o peores de Letizia Ortiz (que Velazquez también pintó Las Meninas por encargo real, sin pretender comparar estilos sino protagonistas y pagadores de la obra, y no fue el fin del mundo)… no, éste no es el problema. A mí lo que me hace temblar es que si a todo el mundo le parece normal que a Lucía Etxebarría se le pague por un libro menos de lo que vale una semana de su vida en directo en televisión (o que un “bolo” de algunos)… entonces lo tenemos todos nosotros muy crudo.

Y si el hecho de que alguien gane honradamente un dinero porque “lo suyo”, lo vocacional, no le da para cubrir gastos provoca unas críticas generalizadas en un país que hizo del Dioni casi un héroe nacional… si no vemos que lo que hay detrás de muchas decisiones que se están tomando es mucho más preocupante… va a ser que a lo peor estamos “mu” malitos de lo nuestro. Lo nuestro. Eso es lo que me preocupa: en qué lugar nos deja a nosotros, a los que trabajamos por vocación, todo esto. Quizás tenga razón una compañera de trabajo que dice que sencillamente hemos de asumir que lo nuestro no es un trabajo sino un vicio que nos sale muy caro.

Y claro, esto nos trae de regreso al tema del vicio… Por cierto: ¿alguien tiene un sistema de valores actualizado para comenzar a estudiármelo? Es que se me escapan tantas cosas, tantas… que creo que a lo mejor el problema es que el bien y el mal, lo justo y lo injusto, el concepto de orgullo y vergüenza, de pundonor y deshonra, de trabajador y esclavo, de asalariado y mendigo, de retribución y caridad, de talento y desfachatez, de virtud y vicio… han cambiado o se han transformado últimamente pero yo no me he dado cuenta porque estaba demasiado ocupada trabajando.

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4 comentarios sobre “Cristina García Rodero, Lucía Etxebarría… y el preocupante panorama de los profesionales de lo vocacional

  1. Afortunadamente, la imposición social de la concepción mayoritaria o dominante sobre lo que es virtud o vicio ha cedido paso al respeto por la diversidad de códigos éticos y, no menos importante, las libertades individual y de asociación. En todo lo demás estoy bastante de acuerdo aunque, francamente, no me parece tan trascendente; seguimos ante el amplio espectro de las libertades individuales y colectivas: si dicen, que digan y, si se agrupan para decirlo, que se lo pasen bien, que aprovechen su convivencia y no la envenenen despotricando sobre lo ajeno. ¡Cómo me alegro de ver tan poca televisión!

    1. Hola, Marcelino,
      No, si yo del reallity no hablo. Hablo de que lo que está pasando: precarización en la universidad con muchos despidos y poca posibilidad de futuro, del CSIC recogiendo firmas, de las becas que ya no existen… y lo de la virtud o el vicio, yo lo decía más bien irónicamente: por lo de que lo nuestro de trabajar por vocación para algunos es más un vicio que una profesión cuando en otro tiempo hubiese sido una virtud que te gustara lo que hacías. Nada más. Obviamente, no quiero yo que vuelvan tiempos pretéritos con sus conceptos sobre el vicio y la virtud. Claramente es mucho mejor la diversidad y la libertad que ninguna idea impuesta. Y sí estamos en el espectro de las libertades individuales y colectivas… pero todos sabemos que unos son más libres que otros y las cartas no se reparten en igualdad de condiciones para todo el mundo. Ya sé que no se pueden cambiar las cosas, pero se me juntaron temas del panorama laboral de la universidad en España (nos lo están poniendo cada vez más complicado) con comentarios de alumnos desesperados por el tema becas, con conversaciones sobre trabajos precarios, libros que se publican sin cobrar (o incluso pagando)… y entonces ví a los del CSIC con sus firmas, criticaban a la escritora por haber entrado en un reallity… Creo que era Mafalda la que decía aquello de “paren el mundo, que yo me bajo”…

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