Desde que supe la noticia del terrible accidente de ayer por la noche, que nos tiene a todos conmocionados, no he dejado de ver imágenes de la tragedia: vídeos del accidente tomados por una cámara de seguridad (creo), vídeos realizados con móviles a los pocos minutos, imágenes de fotoperiodistas y cámaras de televisión, el accidente, el dolor de los familiares y ahora las visitas oficiales… estoy sin palabras.

En momentos como estos pienso en ese gran libro de Susan Sontag “Ante el dolor de los demás” que nos plantea precisamente cómo retratamos a nuestros muertos y a los de los demás… o en algún otro de los libros que reflexionan sobre esas imágenes del sufrimiento humano que nos colocan siempre en disyuntivas de difícil solución. Cero de Interés escribió hace tiempo en su blog la entrada 5 libros de fotoperiodismo que llevar a una isla desierta con una selección de libros y autores muy interesantes para reflexionar sobre este tema.

Me parece un asunto complicado de resolver. Recuerdo que, cuando trabajaba en un diario tuvimos una noticia en la portada que era la muerte de unas monjas en un accidente de carretera que iba ilustrada con una fotografía desde lejos en la que apenas se veían los cadáveres tumbados sobre el asfalto.

La cuestión dio bastantes dolores de cabeza. Creo recordar que el problema era que eran dos monjas de clausura a las que en vida no se les había visto absolutamente nada y en aquella imagen la sábana que cubría su cadáver dejaba a la vista no sé si eran sus tobillos o sus muñecas. Hay algo que se llama derecho a la propia imagen, que tiene que ver con la dignidad y con cómo queremos que se nos vea y se nos recuerde. Y cuando no estamos… el derecho de aquellos que nos quieren a poder cuidar nuestro recuerdo. En cualquier caso: el derecho a la propia imagen del muerto y de sus seres cercanos entra en conflicto con el derecho a informar en este tipo de situaciones y suele ganar este último.

Nunca antes me había planteado la cuestión, pero en aquel momento comprendí lo doloroso que puede resultar para los que siguen aquí ver los cadáveres en la portada de la prensa, en la televisión… el recuerdo constante de lo sucedido, el ver una y otra vez la repetición de los hechos, y la completa incapacidad para controlar lo que sucede con lo último que queda del ser querido: sus últimas imágenes… que quienes hemos perdido a alguien sabemos que influyen poderosamente en la manera en la que procesaremos el dolor, el duelo y el recuerdo.

Pero estos conflictos de intereses, morales, éticos y deontológicos que se entrecruzan en un tema así tienen difícil solución en la era de la imagen y de la información. Por este motivo, aunque entiendo y comprendo perfectamente por qué se multiplican las imágenes (del accidente, de los familiares desesperados…) que hoy son casi omnipresentes en todos los medios y en la red: no puedo evitar pensar en los familiares, en los numerosos heridos que supongo que reviven la tragedia si ven las imágenes y en aquellos que acudieron al lugar del accidente a los pocos minutos: ¿podrán borrar algún día estas imágenes de su memoria?

¿necesitamos todos, ellos y nosotros, verlas una y otra vez?

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