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Autorretrato. Mi lado femenino, Alberto García-Alix, 2002

Autorretrato. Mi lado femenino, Alberto García-Alix, 2002

Hace ya algún tiempo que disfruté de esta exposición de la que os hablo, pero no había tenido el tiempo de repensarla y escribir sobre ella. Supongo que hay exposiciones de digestión lenta, en la que la mirada del artista se te clava en el alma y te punza en otro lugar lejano y al mismo tiempo vecino: tus propias preguntas pendientes, tu propia voz interior… porque la vida, finalmente, nos sale al encuentro donde menos lo esperamos y después hemos de reconquistarla para volver a tener la ilusión de que podemos dominarla. Aunque esto sea simplemente un sueño, un espejismo, que se desvanece en cuanto eres incapaz de volver a autorretratarte con nitidez.

Pero viendo que los días pasan, que la exposición se cierra esta semana… he decidido enfrentar el reto de escribir sobre un fotógrafo por el que siento una profunda admiración y cuya exposición disfruté como uno de esos combates de boxeo en los que cada puñetazo te duele en tus propias costillas. No es que comparta experiencias con el autor, sino que éste tiene la cualidad de salir a buscar al espectador en el desafío innegable de miradas, puños, cuerpos, esquinas, luces y sombras. Y sí: a mí me encantan las buenas provocaciones, las preguntas inteligentes, las miradas irónicas, los guiños cínicos y las voces capaces de hablar con fuerza de la mayor de las decadencias y de lo sublime de un cadáver exquisito que nos devuelve a la fragilidad de la propia vida. Pero vamos por partes y comencemos por el principio…

El día 5 de este mes se cierra la exposición de autorretratos de Alberto García-Alix en La Virreina Centre de la Imatge, la primera gran monográfica en Barcelona dedicada a este fotógrafo que fue Premio Nacional de Fotografía en 1999.

García-Alix (León, 1956), que comenzó a exponer en los años 80 y cuya obra ha sido admirada dentro y fuera de nuestras fronteras, es uno de los autores más importantes de nuestro país con un trabajo que ha marcado una época, un imaginario y ha creado escuela y múltiples adeptos (así como detractores, porque lo complicado es permanecer indiferente ante su trabajo). Como Nan Goldin, García-Alix nos introduce en su mundo con unas imágenes autorreferenciales, de alto contenido emocional, en las que desnuda su yo más íntimo entre la broma, el guiño, la poesía, la provocación y la más cruda realidad. Sin embargo, a diferencia de Goldin, este fotógrafo trabaja básicamente en blanco y negro y con una calidad técnica impecable que puntualmente juega con de la apariencia “doméstica” de otros autores de este tipo de trabajos más “intimos”.

Es decir, que como puede leerse en la página web de La Virreina, esto “convierte todo su trabajo, mirado en conjunto, en un gran autorretrato expandido”. Un autorretrato con un tono austero, en el que dominan los matices fuertes, dolientes, rotundos y líricos al mismo tiempo. La obra de este artista destaca por su ausencia de color, la frontalidad con la que se acerca a unos temas que aborda sin paliativos y una cuidada técnica que nos adentran, de pleno, en un discurso esencialista, existencialista, en el que la vida sale al encuentro del espectador con toda la crudeza de una mirada incisiva, constante y descarnada, que no se deja deslumbrar por banalidades ni moralinas innecesarias.

Autorretrato en Toulouse, Alberto García-Alix, 1978

Autorretrato en Toulouse, Alberto García-Alix, 1978

Sus imágenes retratan a importantes artistas, a personas anónimas y, sobre todo, a sí mismo y sus circunstancias (personas, lugares y cosas). Seguramente algunos de vosotros lo conoceréis por las estampas inolvidables de la Movida madrileña, de los protagonistas de una época que, posteriormente, se han convertido en rostros muy conocidos, como Pedro Almodóvar, Rossy de Palma, Emma Suárez, Camarón de la Isla o Alaska. En sus fotografías abundan también las motos, los tatuajes, las habitaciones de aire decadente, los retratos y aquellas atmósferas que transmiten la música, el olor, los estados de ánimo y las sensaciones que no dejan indiferente a nadie.

Un instante de eterno silencio, Alberto García-Alix, 2010

Un instante de eterno silencio, Alberto García-Alix, 2010

Destacan, especialmente, sus autorretratos en los que, como en los retratos, enfrenta directamente el rostro desnudando el interior, los miedos, las emociones, desafiando siempre al espectador con unas imágenes que hablan claro, que provocan, que ocultan, que juegan, que brillan… con la inteligencia y la intuición de quien ha hecho de este arte un hábito brillante. De este modo, la obra completa de García-Alix es un enorme álbum de familia que rompe todos los esquemas y tabúes, que se sumerge de lleno en esa nueva tendencia (antes incluso de que la misma tendencia existiera) a mostrar familias diferentes en las que los amigos, las escenas no felices, la propia intimidad doliente e incluso huidiza parece querer provocar una memoria diferente a la de los clichés. Porque, aunque no veamos las típicas estampas de “familia feliz”, estamos ante una obra netamente autorreferencial en la que la vida en estado puro toma por asalto la cámara para inmortalizar lugares, rostros, adicciones, vicios, lágrimas, guiños… con la magia de esas fotografías que atrapan, seducen y provocan porque están cargadas de memoria, del cadáver de lo que es irrepetible, de la promesa de lo que quizás nunca se cumplió, de emociones y buenas historias.

Autorretrato con mocasines, Alberto García-Alix, 1988

Autorretrato con mocasines, Alberto García-Alix, 1988

En la exposición de La Virreina también pueden verse dos vídeos suyos, ya que este artista ha incursionado en los últimos años en la imagen en movimiento y el audio con esa voz inconfundible que es, si cabe, casi tan evocadora como sus fotografías. Uno de esos trabajos en vídeo, De donde no se vuelve (2008) que realizó para el Museo Reina Sofía de Madrid, es un gran autorretrato en el que reflexiona sobre la memoria, la vida, la fotografía, las luces y las sombras.. que he tenido la oportunidad de ver en varias ocasiones, lo que me ha hecho también darme cuenta de la reacción del público que permanece en silencio, escuchando atentamente la voz rota del artista, sus palabras medidas y cargadas de emociones, sus imágenes… una gran obra a la que merece la pena dedicar un poco de tiempo con calma, tranquilidad y ojos/oídos muy abiertos.

Autorretrato. Tras la máscara, Alberto García-Alix, 2001

Autorretrato. Tras la máscara, Alberto García-Alix, 2001

En concreto, en la página de La Virreina podemos leer que “esta propuesta expositiva, comisariada por Nicolás Combarro, pretende acercarnos a la comprensión de una parte clave de su obra, marcada por el carácter autobiográfico y por el esfuerzo constante de mirarse, de encontrarse consigo mismo a través del ejercicio fotográfico”. De esto creo que dan cuenta, especialmente, los retratos realizados en 2007-2008, en un par de estancias en el extranjero, en las que Gacía-Alix se retrata con máscaras, desenfocado… en una muestra de ese registro autobiográfico de un yo que parece estar en lucha consigo mismo, que se enfoca de frente y no siempre se ve con nitidez… aunque parece estar dotado de una sinceridad sin límites ante el objetivo y la sala de exposiciones. Y en esta ocasión La Virreina lo muestra sin tapujos en casi 70 obras que recorren su maduración técnica, compositiva, personal y semiótica en el autorretrato que se autoinflige durante más de 30 años con una mirada cada vez más curtida, más cercana, más inquietante.

 Detalle ("pantallazo") de la web de Alberto García-Alix

Detalle (“pantallazo”) de la web de Alberto García-Alix

Pero esto es sólo mi opinión y yo creo que se han de aprovechar estos últimos días para ver sus imágenes in situ, sobre todo porque merece la pena ver las copias de estas fotografías en su tamaño y calidad real (no en el que se acostumbra a observar en Internet o en los libros) y, sobre todo, reunidas en un espacio, que permite hacer un recorrido cronológico y estilístico importante en la obra de este autor imprescindible.

No os la perdáis, aún tenéis unos días, la entrada es libre (gratuita) y creo que es una muestra que disfrutaréis y os hará querer saber más sobre la obra de este artista.

Y a Alberto García-Alix: mi más sincero agradecimiento por las punzadas, las reflexiones, los guiños y la magia crudamente cotidiana de sus fotografías… Salí pensando de su exposición y sigo pensando días más tarde: todo un regalo. Sólo puedo decirle, desde la más profunda admiración y respeto: ¡A sus pies, maestro!

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