Aire, aura, linaje y pose en la fotografía familiar


Esta semana, en clase de la asignatura de “Imagen, Narración y Memoria” que tengo en la Universitat de Barcelona, comentábamos los clásicos de Roland Barthes (La cámara lúcida) y de Susan Sontag (Ante el dolor de los demás) y nos centrábamos en lo que ambos comentan sobre nuestra manera de recordar.

Portada del libro de Susan Sontag: Ante el dolor de los demás
Portada del libro de Susan Sontag: Ante el dolor de los demás

Al hilo del debate, salió también el tema del aura, del aire familiar, del linaje en las fotografías familiares, del que Barthes tiene algunas frases memorables que pueden completarse con las de otros autores. Un alumno me preguntó por esos otros autores que han hablado del tema (sí, tengo la inmensa fortuna de tener alumnos que me piden referencias y que leen, comentan, proponen… un verdadero lujo para una profesora como yo en los tiempos que corren) y he pensado que podía escribir una entrada en este blog con la información básica sobre este asunto que reescribo y extraigo del epígrafe “La pose, el aire, el aura y el linaje” (Pp. 405-409) de mi tesis doctoral (“La Autorreferencialidad en el arte (1970-2011). El papel de la fotografía, el vídeo y el cine domésticos como huella mnemónica en la construcción identitaria”, defendida el pasado 27 de enero de 2012 en la UB y dirigida por la Dra. Ma. Dolors Tapias Gil). Me perdonaréis que, en esta ocasión, el texto sea más farragoso, lleno de citas y más parecido a un texto académico que a lo acostumbrado en un blog… pero como sé que hay investigadores, profesores, estudiantes de máster y doctorado que siguen este espacio y me piden referencias: aquí os dejo un buen puñado de citas sobre el tema (Para no tener que incluir una bibliografía que haría esta entrada muy complicada por el diseño del blog, he optado por incluir junto a cada cita un paréntesis en el que consta: autor, editorial, año y págna).

Para comenzar por el principio, en fotografía, casi siempre, hay que empezar haciendo referencia a Barthes, que en su Cámara Lúcida comenta que la fotografía estaría más próxima al teatro que a la pintura por lo que llama un «mediador singular»: la muerte. Este autor establece un interesante paralelismo entre el culto a los muertos y el teatro primitivo que traslada después a la pose fotográfica del siguiente modo:

Portada del libro de Roland Barthes: La cámara Lúcida
Portada del libro de Roland Barthes: La cámara Lúcida

“Y esta misma relación es la que encuentro en la foto; por viviente que nos esforcemos en concebirla (y esta pasión por «sacar vivo» no puede ser más que la denegación mítica de un malestar de muerte), la Foto es como un teatro primitivo, como un Cuadro Viviente, la figuración del aspecto inmóvil y pintarrajeado bajo el cual vemos a los muertos” (Barthes, Paidós, 1989, p. 72). Seguramente esta es una de las ideas más originales sobre la pose fotográfica que, en el fondo, puede ser vista como un intento por detener un instante de vida matándolo con una pretensión de “posteridad” más allá de la muerte del propio instante o del mismo sujeto.

Precisamente por la trascendencia que puede llegar a tener un acto aparentemente tan nimio como fotografiarse, éste puede llegar a convertirse en una especie de ritual en el que la pose ocuparía el lugar de una máscara ceremonial. De hecho, Jean Baudrillard hace una interesante reflexión a este respecto en las primeras palabras de su artículo For Illusion isn’t opposite of reality…: “Photography is our exorcism. Primitive society had its masks, bourgeois society its mirrors. We have our images”[1] (Baudrillard, 1998). Y, siguiendo con el símil, del mismo modo que las máscaras varían según las culturas y los rituales, dependiendo del momento a recordar, del tipo de familia o del estatus de la misma, las poses tampoco pueden ser idénticas en todos los casos.

En cualquier caso, sea por el poder de la máscara tras la que nos ocultamos, por la fuerza de la pose o por la falta de costumbre de vernos a nosotros mismos más allá del espejo y los reflejos, lo cierto es que se produce un extrañamiento del propio ser cuando es percibido a través de la imagen y el sonido. Quizás por ello, intentando dar sentido a ese algo familiar y al mismo tiempo extraño que hay en nuestros retratos, se termina hablando de «aura», de «aire familiar», de conceptos que intentan recoger ese algo entre fascinante, desconcertante y mági­co que tienen la fotografía, el cine, el vídeo y las grabaciones sonoras del propio “yo” o del “nosotros”.

Portada del libro de Walter Benjamin: Sobre la fotografía
Portada del libro de Walter Benjamin: Sobre la fotografía

Para algunos autores, el tema del aura fotográfica está vinculado a temas meramente técnicos, como es el caso de Walter Benjamin en Sobre la fotografía cuando comenta que “en términos de técnica: se debía a una absoluta continuidad entre la luz más clara y la sombra más oscura” (Benjamin, Pre-textos, 2005, p. 24). Para este autor el aura se fue perdiendo con la evolución técnica del medio fotográfico y afirma que: “a partir de 1880 los fotógrafos situaban su cometido más bien en simular el aura por medio de todos los artificios del retoque y especial­mente gracias al empleo de la goma bicromatada; un aura que había sido previamente expulsada de la imagen, al mismo tiempo que lo oscuro, por el empleo de objetivos más luminosos” (Benjamin, Pre-textos, 2005, 37).

Para Roland Barthes, sin embargo, el aire “es esa cosa exorbitante que hace inducir el alma bajo el cuerpo” (Barthes, Paidós, 1989, 183) y, continúa más adelante “es como el suplemento inflexible de la identidad, aquello que nos es dado gratuitamente, despojado de toda «importancia»: el aire expresa el sujeto en tanto que no se da importancia” (Barthes, Paidós, 1989, 184). De este modo, el “aire” sería algo etéreo e intangible, alejado de todo tema técnico. Para reforzar esta versión podría comentarse cómo precisamente las imágenes en las que suele verse ese “aura” familiar es precisamente en las imágenes domésticas, en las que la parte técnica suele ser la menos importante.

Portada de la revista "Historia, antropología y fuentes orales: Entre fábula y memoria" en el que se publica el artículo de Dornier-Agbodjan
Portada de la revista “Historia, antropología y fuentes orales: Entre fábula y memoria” en el que se publica el artículo de Dornier-Agbodjan

El hecho en el que todos los autores consultados parecen estar de acuerdo es que hay algo extrañamente familiar en las poses fotográficas de los miembros de una misma familia que no aparece al natural. Sin embargo, nuevamente des­mitificando todo este tema, Sarah Dornier-Agbodjan, en su artículo “Fotografías de familia para hablar de la memoria” habla de las similitudes entre hermanos en las fotografías y comenta que “la composición fotográfica contribuye a poner de manifiesto ese aire de familia. En los retratos, por ejemplo, cuando uno de los niños aparece fotografiado (…) muchas veces se reproduce idénticamente, en relación a sus futuros hermanitos, de tal manera que los niños aparecen representados con el mismo atuendo y los retratos enmarcados se cuelgan uno junto al otro en la pared. Lo cual da pie a pensar, con A. M. Garrat, que es la pro­pia contigüidad la que causa el parecido y que muy a menudo el aire de familia no es más que una engañifa” (Donier-Agbodjan, Historia, antropología y fuentes orales: Entre fábula y memoria, nº 32, 2004, 123-132).

Portada del libro de Marianne Hirsch: The familial gaze
Portada del libro de Marianne Hirsch: The familial gaze

Sobre este mismo fenómeno, Marianne Hirsch señala en The familial gaze que la apariencia familiar puede funcionar también como una pantalla (Hirsch, University Press of New England, 1999, XIII). Sin embargo, más allá de las experiencias narradas por estos autores, personal­mente he trabajado durante mucho tiempo con fotografías familiares antiguas que debía intentar recuperar y se daban situaciones muy curiosas, como la de reconocer a personas o niños en fotografías que tenían 80 o 50 años porque el rostro de la imagen era exactamente igual a otro de otro niño u otro adulto de fotografías que apenas tenían unos pocos años. Concretamente, en una imagen de la última barca que cruzó el Ebro en mi pueblo, antes de que se hiciera el puente que actualmente une las orillas riojana y navarra en aquel punto, hay un hombre mayor exactamente igual a mi abuelo que es imposible que sea mi abuelo por una cuestión puramente temporal y en otra imagen de mi abuelo a caballo a quien yo veo es a mi padre. Esta última ima­gen de mi abuelo la he mostrado varias veces a personas de la familia que lo conocieron, sin hacer ningún comentario, y todo el mundo ha comentado lo joven que estaba entonces “mi padre”. Al descubrir la verdad, el comentario siempre es el mismo: pero si tu abuelo y tu padre no se parecen en nada. Y es cierto que en la vida «real» el parecido no es tan obvio, pero en las fotografías aparece ese «aire» capaz de transformar a un miembro de la familia en otro.

Roland Barthes habla claramente de este fenómeno cuando comenta: “la fotografía, a veces, hace aparecer lo que jamás se percibe en un rostro real (o reflejado en un espejo): un rasgo genético, el pedazo de uno mismo o de un pariente que proviene de un ascendiente (…) La fotografía ofrece un poco de verdad, con la condición de trocear el cuerpo. Pero dicha verdad no es la del individuo, que sigue siendo irreductible; es la del linaje” (Barthes, Paidós, 1989, 177). Más adelante, Barthes afirmará: “lo que revela es cierta persistencia de la especie” (Barthes, Paidós, 1989, 178).

Portada del libro de Pierre Bordieu: Un arte medio
Portada del libro de Pierre Bordieu: Un arte medio

Por tanto, a pesar de las reticencias de algunos de los autores mencionados anteriormente a considerar el tema del aura o del aire familiar en las imágenes más allá de las cuestiones técnicas que podrían justificarlo “racionalmente”, los comentarios de Barthes sobre este tema resultan, cuando menos, curiosos e interesantes.

En esta búsqueda de claves que ayuden a comprender la naturaleza de la cuestión (si los niños se parecen entre sí y a los adultos por una cuestión genética, fotogénica o de simple pose), Pierre Bourdieu, en Un arte medio. Ensayo sobre los usos sociales de la fotografía,une también el tema de la fotografía familiar al linaje en el siguiente comentario: “Entre las fotografías de personas, cerca de las tres cuartas partes representan a grupos y más de la mitad son de niños, ya sea solos o con los adultos; las que re­únen a adultos y niños deben su cantidad y su solemnidad (transmitida sobre todo por la rigidez convencional de las poses) al hecho de que captan y simbolizan la imagen del linaje” (Bordieu, Editorial Gustavo Gili 2003, 64-65).

De hecho, para Sarah Dornier-Agbodjan: “el linaje está fuertemente presente en las fotografías de familia” y “el parecido se busca siempre, como si fuera un fin en sí mismo” (Donier-Agbodjan, Historia, antropología y fuentes orales: Entre fábula y memoria, nº 32, 2004, 123-132), quizás por un afán de reconocimiento en el otro o en los otros que ayudaría a encontrar una identidad genética, un linaje, que podría ser un punto de partida para la reconstrucción de esas personalidades heridas por la Posmodernidad.

Portada del libro de Marc Augé: Las formas del olvido
Portada del libro de Marc Augé: Las formas del olvido

Como comenta Marc Augé en Las formas del olvido: “Detrás de toda constatación de parecido se esboza, de modo más o menos sis­temático según las sociedades y las épocas, una teoría de la descendencia y del linaje que tiene efectos algo parecidos a los de la experiencia de la memoria involuntaria: reafirma la identidad individual, el sentimiento de identidad, pero enraizándolo en la evidencia manifiesta de una herencia” (Augé, Gedisa, 1998a, 88).

Por tanto, parece que una especie de pose familiar pasará de generación en generación. Al principio lo hará acompañada de la memoria de lo sucedido, después de la postmemoria de lo escuchado y posteriormente del más cruel de los olvidos: aquel que convierte a un ancestro en un extraño en el que hay algo inquietantemente familiar en una especie de agnosia personal o identitaria que últimamente se propaga como una pandemia.

Seguramente aquí radica la fuerza de la fotografía familiar: en esa potenciación de los parecidos que hace iden­tificarse al sujeto con sus ancestros como miembros de una misma familia. ¿Quién no ha descubierto a través de una fotografía el tremendo parecido de un bebé con un familiar con el que en principio nadie encontraba semejanza? ¿Quién no se ha descubierto en una imagen doméstica en ciertos rasgos o en el rostro de un familiar con el que en principio no se veía ningún parecido en la vida real?


[1] Podría traducirse como: “La fotografía es nuestro exorcismo. La sociedad primitiva tenía sus máscaras, la so­ciedad burguesa sus espejos. Nosotros tenemos nuestras imágenes”.

Bueno… ¿qué tal el experimento? ¿soporífero o queréis más entradas de este tipo? ¿Algún comentario al respecto? ¿Alguna referencia o idea que añadir a las aquí comentadas?

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8 comentarios sobre “Aire, aura, linaje y pose en la fotografía familiar

  1. Por favor, queremos maaas!
    Me has dejado con la miel en la boca.
    En la misma línea que tu expones, me interroga mucho porqué cuando vemos una fotografía de alguien que no es de nuestra familia, pero en una pose o situación convencional(ritos de paso por ejemplo: bodas, bautizos, comuniones, fotos de escuela, de playa) nos sentimos identificados, como si esa foto fuera realmente de alguien de nuestra familia. Porque cuando miramos la foto de la comunión de alguien nos viene los recuerdos de nuestra propia foto de comunión, por ejemplo

  2. Mganífico Rebeca, la verdad es que tus artículos son magistrales… que pena que con mis años, ahora que me llega la hora de la jubilación no pueda ser alumno tuyo en la UB, pero desde Málaga te leo y sigo, aunque quisiera mucho mas aún…. Feliz Navidad y Feliz año !!

    1. Gracias, Pedro.
      Yo quisiera tener más tiempo para poder escribir con más frecuencia en el Blog… pero se hace lo que se puede. ¡Feliz Navidad y mis mejores deseos para el 2013 también para tí y para todos aquellos que me dedicáis parte de vuestro tiempo!

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