Etiquetas

, , , , , , , ,


Hace unos días estuve en Madrid y tuve la suerte de coincidir con la exposición que la Fundación Mapfre realiza en la Sala Azca (Avda. General Perón,40) con una gran retrospectiva de Imogen Cunningham que podrá visitarse hasta el 20 de enero (la muestra es gratuita, así que si estás en la ciudad… no tienes excusa para no visitarla). Doscientas imágenes de esta gran fotógrafa, incluyendo copias de época y algunos documentos de Cunningham que completan su obra artística con ese sello personalísimo de poder contemplar junto a su obra fotográfica, elementos más íntimos como la caligrafia o las anotaciones de esta autora.

Página web de Imogen Cunningham

Página web de Imogen Cunningham

Creo que esta es una exposición interesante, especialmente para aquellos que no conozcan la obra de Cunningham ya que permite hacerse una idea muy aproximada de la labor realizada a lo largo de los 70 años dedicados incansablemente a la fotografía, con un recorrido por los temas y los protagonistas más habituales en su obra. El conjunto es sumamente interesante ya que, a través de su cámara, esta fotógrafa capturó a todo su entorno más cercano (humano y vegetal) además de a los artistas más importantes del momento, y lo hizo siempre con una gran delicadeza.

Portada del libro "Ideas without end"

Portada del libro “Ideas without end”

En la web de la Fundación Mapfre pueden leerse estas palabras que describen muy acertadamente a una mujer excepcional, además de una artista inigualable: “Imogen Cunningham (1883-1976) optó a temprana edad por ser fotógrafa y trabajar fuera de casa: dos elecciones inusuales para una mujer de su generación. Conocida por su versatilidad a la hora de elegir los temas y por su capacidad para encontrar la belleza en las cosas comunes, Cunningham fotografió la vida que la rodeaba: a su familia, la naturaleza, bodegones, escenas callejeras y desnudos, y hasta su muerte a la edad de noventa y tres años mantuvo una infatigable labor experimental y ejerció su profesión de retratista”.

Magnolia Blosson, 1925 Copyright © The Imogen Cunningham Trust

Magnolia Blosson, 1925 Copyright © The Imogen Cunningham Trust

Seguramente su interés por el cuerpo, el retrato y sus plantas/flores fue el hilo conductor a través de los temas esenciales, desde que financiara sus estudios fotografiando plantas para el departamento de botánica de la Universidad de Washington hasta que llegó a convertirse en una reputada retratista y siguió ejerciendo como tal prácticamente hasta su muerte. Por tanto, no es de extrañar que, en una muestra tan extensa como la que puede verse en Madrid, la gran variedad y heterogeneidad de este tipo de imágenes tenga una presencia impotante. Sin embargo, a pesar de la gran variedad de temas que parece tocar Cunningham, en el fondo, seguramente lo que hace inconfundibles sus obras es que destilan los sentimientos, las emociones y ese aire inconfundible con el que supo dar al mundo que le rodeaba un sello fotográfico muy íntimo, sutil y cercano. Es una opinión personal, pero pocos como ella han sabido retratar las flores y los elementos vegetales (y empleo el verbo a sabiendas de que implica un sujeto como modelo, ya que las plantas ante Imogen Cunningham adquieren personalidad, humanidad y alma). Quizás Robert Mapplethorpe y Edward Weston podrían completar con esta gran fotógrafa el trío de oro de la fotografía “vegetal”, aportando los tres una sensualidad y una sutileza nunca antes empleada para este tipo de elementos de la naturaleza. También personalmente, creo que las imágenes de danza de esta autora son de una elegancia, dinamismo y naturalidad fascinantes.

Three Dancers, Mills College,1929   Copyright © The Imogen Cunningham Trust

Three Dancers, Mills College,1929. Copyright © The Imogen Cunningham Trust

La biografía de esta fotógrafa es inusual: nacida en una granja de Oregón, aprendió a positivar sus fotografías en una leñera que su padre convirtió en cuarto oscuro y se licenció en ciencias químicas, obteniendo una beca para estudiar en Alemania, donde realizó una investigación sobre la química fotográfica centrada en el virado a sepia. Estos datos, a principios del s. XX ya configuran un perfil femenino (e incluso fotográfico) muy especial, pero si a esto sumamos su gusto por la experimentación, terminaremos comprendiendo que ella terminaría por desarrollar un sello propio que la convirtió en una de las autoras más influyentes, importantes y respetadas de la historia de la fotografía. Sin embargo, su reconocimiento comenzó tempranamente, en 1929, cuando formó parte de la importante exposición Film und Foto en Stuttgart.

Portada del libro "Imogen Cunningham: The Poetry of Form"

Portada del libro “Imogen Cunningham: The Poetry of Form”

En cuanto a su estilo, se ha de entender que sus primeros pasos estuvieran vinculados al pictorialismo por su contexto artístico, pero que después se situaría en una línea más cercana a la Nueva Objetividad siendo parte del grupo fundacional del grupo f/64 junto a Paul Strand, Ansel Adams, Edward WestonWillard Van Dyke, Henry Swift y Sonya Noskowiak en 1932. Este grupo defendía la “fotografía directa” que entendían como una forma de arte en la que la representación sería sencilla, empleando técnicas y métodos fotográficos denominados “puros” porque entendían que en ellos no había “manipulaciones” (algo que podría ser, obviamente, muy discutible). Los fotógrafos de este movimiento se posicionaban de este modo frente a los experimentos de las Vanguardias en fotografía y a los del ya mencionado pictorialismo. El nombre del grupo lo toman del diafragma más cerrado que podía emplearse con las cámaras que empleaban sus autores y, por tanto, sus fotografías se caracterizan por una gran profundidad de campo y un buscado realismo.

Página web de Photo Liaison, fruto de la idea de Meg Partridge (nieta de Imogen Cunningham) de crear una galería sin muros. En ella pueden verse gran parte de las fotografías de Cunningham.

Página web de Photo Liaison, fruto de la idea de Meg Partridge (nieta de Imogen Cunningham) de crear una galería sin muros. En ella pueden verse gran parte de las fotografías de Cunningham.

Pero, más allá de su biografía, si algo caracteriza a Imogen Cunningham es su predilección por trabajar en espacios abiertos y con luz natural siempre que fuera posible, lo que crea en sus imágenes unos escenarios impresionantes y una luz con vida propia en la que las sombras toman gran importancia. En este juego con la luz natural y los elementos más esenciales de la naturaleza, Imogen Cunningham termina descubriéndonos que una simple planta puede tener decenas de fotografías fascinantes y toda persona puede ser objeto de varios tipos de imágen diferentes (según se centre en el rostro, en el cuerpo, en su relación con su entorno) todos ellos muy interesantes. Lejos de las escenografías espectaculares y los esquemas de iluminación complicados que dan un aspecto teatral y “demasiado perfecto” a muchas de las imágenes contemporáneas, las fotografías de Cunningham podría decirse que destacan por su humanidad, por su sencillez, por la carencia de alardes técnicos o de medios, por su carácter personal, por su honestidad y, sobre todo, por la profundidad de su mirada.

Aunque en el entorno más artístico seguramente sus imágenes más conocidas sean las relacionadas con el cuerpo y las plantas, entre 1933 y 1936 esta fotógrafa trabajó para Vanity Fair haciendo una serie de retratos entre los que se encuentran algunas de sus imágenes más difundidas. No es de extrañar ya que ante su cámara comenzaron a pasar en aquellos años algunos de los rostros más conocidos del Hollywood, músicos, artistas, bailarines, intelectuales, escritores, modelos y familiares, entre los que pueden encontrarse los rostros de compañeros suyos de profesión como Alfred Stieglitz o August Sander, además de artistas como la bailarina y coreógrafa Martha Graham, el actor Cary Grant o la pintora Frida Kahlo.

Tal y como se comenta en la página de presentación de la exposición de la Fundación Mapfre: “Esta exposición reúne dos centenares de fotografías -entre ellas, imágenes inéditas o raramente expuestas- que, provenientes principalmente de su propio legado, el Imogen Cunningham Trust, y de varios museos como el Seattle Art Museum o la George Eastman House, recorren las siete décadas de su dilatada trayectoria. Es la muestra más completa realizada hasta la fecha sobre esta artista visionaria que participó en la formación del movimiento moderno en fotografía. Arrojando una nueva mirada sobre el conjunto de su obra, permite conocer los diversos temas que captaron su atención y las distintas formas en que tomaron cuerpo en sus creaciones: inesperadas abstracciones de la luz, sombras y formas de la figura humana, “fotografías robadas” de la vida en la ciudad, revelaciones de la plasticidad de flores y plantas… Todo ello dominado por una visión cuyo foco es la belleza”.

Por todo esto, Imogen Cunningham es uno de los nombres imprescindibles de la fotografía y merece la pena acercarse hasta la sala de exposiciones para disfrutar de las casi doscientas imágenes. La muestra es gratuita y permanecerá abierta hasta el 20 de enero y, al tener copias de época, no puede compararse la experiencia con ver alguna de sus imágenes en la web. ¿Te lo vas a perder?

… Y si no estás en Madrid, la web de la Fundación Mapfre te ofrece una VISITA VIRTUAL.

Visita virtual de la exposición de Imogen Cunningham

Visita virtual de la exposición de Imogen Cunningham

Anuncios