Amanda Todd: la dramática historia de un ciber bullying


Hace sólo un par de días publicaba una entrada en la que hacía referencia al tema del sexting y de la indefensión de niños y adolescentes ante las consecuencias de un posterior acoso, exposición de su intimidad en la red… y la pedofilia, al hilo de la noticia de que próximamente en España se considerará delito difundir imágenes de la intimidad de terceros sin su consentimiento.

Hoy leo sobre el reciente suicidio de Amanda Todd, una adolescente canadiense de apenas 15 años que no ha podido sobrellevar las consecuencias de un ciber-bullying iniciado por un pederasta en Internet. Un acoso que terminó convirtiéndose en una auténtica pesadilla escolar que no pudo detenerse ni siquiera con toda una serie de traslados de colegios y casas.

Estoy conmocionada. Con 12 años esta niña comenzó a chatear, a usar videocámaras y mostró su pecho. El pedófilo la grabó y envió posteriormente el vídeo a otros como él. A partir de ese momento, Amanda vio su vida convertida en una sucesión de depresiones, ataques de pánico… incluso llegó a hacerse cortes, acabando en el hospital. En un vídeo que Amanda grabó y colgó en Internet contando su experiencia en unas cartulinas, en silencio, (que os dejo un poco más adelante) puede leerse: “Nunca podré recuperar esa foto. Está ahí para siempre”. El silencio del audio, el que ha dejado con su muerte, el que siento ahora mismo en mi interior clama desesperadamente: ¿Cómo puede ser que no pudiera pararse el uso de su imagen en la red? ¿Cómo puede permitirse que el pedófilo usara la imagen de los pechos de la niña como foto de su muro de Facebook? ¿Cómo que la primera ministra de la provincia de la Columbia Británica —donde residía Todd—, Christy Clark, dice: “Creo que deberíamos tener una conversación nacional sobre si debemos criminalizar o no el ciberbulliying”? ¿Algo que puede acabar con la vida de una criatura, hay que plantearse si se ha de criminalizar o no? A mí, personalmente, me preocupa más que algunas de las cosas que últimamente se están criminalizando.  ¿Qué mundo habitamos y en qué lo estamos convirtiendo?

El acoso sexual es viejo como la humanidad, pero hasta ahora la denigración, la vergüenza, el escarnio de la víctima, quedaba en un contexto más o menos pequeño. Conozco numerosas historias de mujeres marcadas por estos temas. Una de ellas también tenía la edad de Amanda cuando sufrió el acoso de un joven con problemas mentales. Lo denunció y le dijeron que ella tenía que encerrarse en casa porque a él no podían detenerlo. Ella se sintió sucia, culpable, y no fue capaz de contárselo a nadie más hasta muchos años más tarde. Ahora dice que tuvo la suerte de que en aquel momento no hubiera teléfonos móviles, ni cámaras en ellos, ni Internet. No hubiera podido soportar que todo el mundo la viera y las consecuencias de verse expuesta de ese modo. Sin embargo, a pesar de que todo quedó en su interior, de que nadie de su entorno tuvo noticias de todo esto, aquella experiencia la marcó durante toda su adolescencia, su juventud y gran parte del resto de su vida. Aún llora cuando recuerda algunos de los efectos que tuvo en su vida, en su autopercerción, y sigue siendo una persona con una armadura enorme. Suele citar una frase de una película (creo recordar que es “Herida”) cada vez que se rompe el corazón tras haber asustado a quien intente cruzar el umbral de su intimidad. Bajo el acero de su fachada, templado a base de golpes para sobrevivir al dolor, ella sabe que su yo más íntimo sigue siendo de cristal. Dicen que cuando un zorro se atrapa una pata en una trampa es capaz de cortársela para poder escapar. En el caso de ella, se “amputa” los sentimientos porque sigue teniendo miedo del otro, de ese fantasma que le remite irremediablemente al pedófilo, al dolor… Y puede hacerlo porque no hay imágenes que se lo recuerden, porque lo ha ido domesticando, aunque le queda aún mucho camino por recorrer hasta llegar a vivir con normalidad ciertos temas. “La gente herida es peligrosa porque sabe que puede sobrevivir”… suele murmurar para justificarse mientras se distancia del mundo y cae en silencios ausentes durante varios días. Antes se hacía daño para que el cuerpo le doliera más que el alma. Ahora va consiguiendo pedir ayuda, mandar señales de socorro… que al menos quienes la conocemos sabemos interpretar. No es fácil. Nunca ha sido fácil. Pero ahora, con el ciberespacio jugando a favor de los pedófilos y en contra de sus víctimas… el juego es infinitamente más perverso. Amanda también envió a la red una petición de socorro… pero su dolor no es comprendido por quienes no lo han vivido de cerca. Por eso la madre de Amanda ha pedido que el vídeo de la niña contando su experiencia siga estando en la red…

Una mujer (o un hombre) que sufre este tipo de situaciones, de violaciones de su intimidad, de acoso de un adulto cuando no tiene la madurez mental para defenderse, queda marcada… seguramente para toda la vida. Algunas niñas, como Amanda, llegan al fondo del abismo del dolor más profundo y no son capaces de continuar viviendo. Otras, más afortunadas, viven sin poder olvidar (no conozco a nadie que borre de su mente una experiencia así) y esto termina afectando a sus relaciones personales. Como ya he dicho, Amanda dejó grabado un vídeo en Internet explicando su historia y pidiendo ayuda. Mientras lo veía en silencio, me recordaba a la historia de esa amiga que he compartido en esta entrada: tras el acoso llega el aislamiento de los demás, el sentimiento de soledad, de indefensión, la necesidad de afecto al límite de caer en las garras de desaprensivos, el autocastigo… Vivencias de demasiados adolescentes, de demasiados adultos marcados por el dolor… demasiadas víctimas sin nombre, gente con la que habitualmente te cruzas en la calle, con la que compartiste aula, café o confidencias… que ahora se pueden ver magnificadas en Internet. No es justo, no es humano… no deberíamos permitirlo.

Por eso, aunque no es un tema fotográfico, aunque seguramente no encaja en la temática de este blog, quiero dejar por escrito mi indignación, mi dolor, mi vergüenza por los monstruos que matan inocencias y roban vidas. Mi más tajante repulsa a los cretinos que les siguen el juego y mi más sincera felicitación a quienes se movilizan para poner un freno: Protégeleswww.quenoteladen.es  (decálogo de actuación de la línea de ayuda para menores creada por el Centro de Seguridad en Internet adscrita al Safer Internet Program de la Comisión Europea) o PantallasAmigas. Sin embargo, hay algunas movilizaciones que son un tanto precipitadas o que despiertan dudas, como la del sitio de ciberactivistas de Anonymous que anunció en un vídeo los datos de localización del pedófilo y, según otra fuente consultada, parece que no existe certeza de que el acusado públicamente sea el verdadero culpable.

Imagen de uno de los momentos de la denuncia de Anonymous
Imagen de uno de los momentos de la denuncia de Anonymous

La historia se complica… porque Internet también puede usarse para difundir los datos de los criminales (porque yo no tengo ninguna duda de que lo son) que cometen actos tan atroces contra personas que no pueden defenderse…y esto sí es motivo de preocupación para los defensores de los derechos humanos. Se ha hablado muchas veces de las famosas bases públicas fotográficas y de datos de pedófilos y siempre se frenan estas iniciativas para proteger los derechos de esos monstruos: porque ellos sí tienen protegido el derecho a la intimidad… cosa que me indigna, a pesar de entender los riesgos por los que se detienen estas iniciativas. Sé los riesgos que implica, la injusticia de que un inocente termine expuesto como culpable (si la persona apuntada por Anonymous es inocente en este caso, habrá sufrido un daño terrible y también irreparable)… pero yo quisiera poner cara a los pedófilos de este mundo para alejar a todos los menores de su alcance. Sin embargo, creo que no se puede hacer arbitrariamente y que, aunque sea muy limitante, sólo debería hacerse en casos probados: mucho más con los reincidentes, indicando incluso dónde residen… aunque eso no solucionará su anonimato en Internet. Y a quienes estén pensando que “pobrecillos”, que entonces no podrán vivir tranquilamente en ningún sitio… Yo les pregunto: ¿Tienen que darme pena por ello? Porque en el tema de la pedofilia puedo llegar a tener argumentos muy radicales. Sé que es un tema difícil, complejo, pero se ha de hacer algo, se han de tomar medidas más duras… porque es demasiado barato para ellos todo el dolor que causan.

Y no quiero seguir escribiendo porque ver el vídeo de esta pobre niña me ha dejado profundamente triste e indignada. Y por aquello de que podría escribir las palabras más tristes esta noche… me han venido a la memoria aquellos versos que Neruda escribió con apenas 18 años. Por este motivo, quisiera cerrar esta entrada con su poema número 20, de 20 poemas de amor y una canción desesperada. Es un poema de amor, por lo tanto, me permito la licencia de eliminar algunos versos para dejar sólo aquellas partes que podrían estar dedicadas a la ausencia, ya irreparable, de Amanda:

(…)

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

(…)

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo”.

A Amanda Todd, In memoriam…

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5 comentarios sobre “Amanda Todd: la dramática historia de un ciber bullying

  1. Recurriendo también a la poesia (ya que no hay palabras suficientes que describan la misma indignación, enfado , pena) añado parte del principio de un poema , que aunque sea de amor, su principio debería hacernos simplemente entender, que la libertad de hacer o de ser , es un derecho que todos tenemos y nadie,nadie debería arrebatarnos o aprovecharse de ella. Malditos los hijos que nacieron para destruir la vida de otros. Malditos!!!

    “Nadie puede quitarte tu felicidad
    Porque es tuya y de nadie más…
    Por mas que intenten socavar tu sentir
    no podrán hacerlo ni te harán sufrir,
    porque solo tú eres la dueña y señora
    la que vive y manda en tus felices horas.
    Asi que vive contenta tu felicidad
    que quitártela, nadie puede.”…

    1. Hola, Belén,
      ¡Gracias por tu comentario! No soy muy partidaria de maldecir a nadie. Quiero creer que para algo están la justicia y las leyes: para tratar de ordenar la vida social, para marcar unos límites claros que nadie debería traspasar y, si alguien a pesar de todo esto decide cruzar la línea de lo que en nuestro Código es considerado delictivo: marcar también el castigo de quienes sean responsables, culpables o autores intelectuales/materiales. Por eso creo que es importante que se legislen ciertas cuestiones, sobre todo las relativas a ciertas prácticas en Internet que están causando varios suicidios de adolescentes (he hablado del caso de Amanda Todd porque está relacionado con la imagen y con temas que a mí me parecen especialmente delicados, sobre todo porque hay un adulto pedófilo llevando al límite a una niña, pero hay también muchos adolescentes/niños sufriendo acosos de sus compañeros por ser considerados diferentes y alguien debería poner un límite a este tipo de cosas).
      Sobre el poema… no puedo estar de acuerdo. Yo sí creo que nos pueden quitar la felicidad, aunque tengamos el poder de defenderla con uñas y dientes. Y en el caso de una niña de 12 años que se ve sumida en este acoso, en esta tortura psicológica y física (porque llegaron a agredirla en la puerta de su colegio)… yo creo que le robaron la felicidad, la alegría de vivir, las ganas de hacerlo y también la vida. No creo que la pobre criatura tuviera muchas posibilidades, con la madurez de su edad, de buscar estrategias para salir de todo aquello, de intentar sonreír (buscó a un amiguito de otro tiempo y él jugó con sus sentimientos terminando todo en otra pesadilla)… y tampoco creo que el pedófilo estuviera dispuesto a permitirle ser libre o ser feliz.
      Por tanto, estoy de acuerdo contigo en que la libertad de hacer o de ser debería ser un derecho de todos. En un mundo ideal, esto podría ser cierto. En cualquier caso, creo que hay que diferenciar que nosotros, como personas adultas, tenemos unos recursos para poder enfrentar ciertas situaciones (aunque cuando alguien te acosa sexual o laboralmente es muy complicado no terminar mal) pero una niña de 12 años: no es que sea un delito hacerle esto, es que acosarla hasta hacerla desear la muerte y cometer un suicidio debería ser considerado como un crimen y el pedófilo debería ser considerado como autor intelectual de un asesinato.

    1. ¡Gracias por tu comentario! Estoy de acuerdo contigo. Pero también creo que por eso mismo el que acosa también es responsable de sus actos y su víctima es eso: UNA VÍCTIMA, no un culpable. Pero, sobre todo, ¿qué responsabilidad sobre sus actos le podemos pedir a una criatura de 12 años? ¿Estamos educando, concienciando, a nuestros niños de lo que realmente implica y significa la vida en Internet? Yo creo que no. En cualquier caso, estoy de acuerdo con que hemos de ser conscientes de que el concepto de privacidad en la red… es una especie de entelequia, una utopía.

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