Estos días, como ya he comentado previamente, puede encontrarse en las librerías “Los nuevos inquilinos: Ensayos para un mundo pendiente” (Ed. Ariel, 2012) al que contribuyo con un capítulo titulado “La Galería: Reflexiones sobre la exposición inmediata y constante en un tiempo hipervinculado” en el que expreso mis preocupaciones con respecto a esa intimidad sobre-expuesta e hiper-compartida en los tiempos que corren.

En esas páginas, entre otras muchas cosas, hablo del sexting, una práctica cada vez más frecuente entre la población adolescente y que a mí me preocupa ya que no puedo evitar pensar en las consecuencias que puede tener que un/a menor de edad envíe una imagen o un vídeo con su propia imagen sexualizada a otro menor (en el mejor de los casos) que probablemente no será consciente de lo que hace cuando la Twittee, la suba al facebook o la reenvíe a sus contactos de what’s up… y la imagen comienza su viaje hacia el descontrol, amparada en la total impunidad que todo el mundo cree tener en los retwitts o en los “compartir” de facebook.

Pues bien, en este contexto y con el reciente caso de Olvido Hormigos, hace unos días me encontraba con la sorpresa de la propuesta de crear un nuevo delito en el Código Penal para castigar a quien difunda, divulgue o envíe imágenes o vídeos íntimos si su protagonista no ha dado su consentimiento expreso para tal fin (Puede ampliarse la información sobre el anuncio del anteproyecto de ley de reforma del Código Penal en diarios como El País o El Mundo… o en el pdf descargable de la Secretaría de Estado de Comunicación en el que se reúne todo lo aprobado en el Consejo de Ministros del 11/10/2012…).

Por mi parte, y sin intención de valorar el resto de las medidas propuestas, he de decir que llevo demasiados años escuchando testimonios estremecedores, sobre todo de chicas jóvenes/adolescentes atrapadas en situaciones demenciales por haber depositado su imagen más íntima en manos de personas que después resultaron ser desleales con la confianza recibida (sobre todo tras una ruptura sentimental). Por este motivo, especialmente sensibilizada con este tipo de situaciones, sólo puedo decir que espero y deseo que éste sea el principio del fin de algunas prácticas abusivas e impunes que estaban teniendo lugar en el ámbito de la imagen. Especialmente preocupantes vistas en contextos como el de la pedofilia, el mobbing, el acoso…

Los vídeos utilizados en este post han sido linkados desde: http://www.sexting.es/ y realizados por PantallasAmigas (http://www.pantallasamigas.net/)

No soy especialmente partidaria de tener que legislarlo todo, mucho menos lo íntimo, pero la vulnerabilidad en la que quedaban sumidas demasiadas personas en estos años (especialmente menores de edad) es un motivo más que justificado para intentar acotar y desanimar a quienes de manera gratuita juegan con la vergüenza, la buena fe, el buen nombre y el derecho a la propia imagen de una persona. Lo que me parece tremendamente triste es que haya que legislar donde el sentido común, la ética, la humanidad y la empatía, obviamente, fallan.

Siempre insisto a mis alumnos en que, al menos teóricamente, se deberían firmar cuidadosamente unas cesiones de derechos, acotando en cada caso qué se permite y qué no (tanto en el caso de tomar las imágenes como en el de posar para ellas, lo mejor para ambas partes es tener claro qué se está haciendo y con qué fin). Cuanto más claros estén los límites del uso de las imágenes, mucho mejor: sobre todo porque haber firmado algo siempre impone un poco de respeto al que pretende saltarse los términos del acuerdo. Sin embargo, rara vez me hacen caso…

Tampoco es de extrañar, dada la falta de concienciación que suele haber sobre el tema del derecho a la propia imagen, a la intimidad, que hay entre nosotros mismos. De hecho, hace poco discutía con una supuesta profesional de la fotografía que me decía que su derecho de autora pasaba por encima del derecho de cualquier modelo a su propia imagen o a su intimidad. No soy abogada, pero he trabajado el suficiente tiempo en un diario y en el mundo real como para saber que esto no es así: todos tenemos derecho a controlar nuestra propia imagen, sobre todo cuando el contexto en el que se va a usar va en contra de nuestra moral, nuestra ética o nuestras convicciones ideológicas: por ejemplo, se podría impedir que se usara una imagen nuestra como parte de una campaña política de un partido opuesto a nuestras convicciones (otro tema es el coste que esto acarree y las posibilidades reales que se tengan de llevar a término la reclamación oportuna). Pero, incluso, más allá de las leyes, yo creo que hay que hacer un llamado a la cordura y a la sensatez. Siempre he creído en eso tan repetido de que mis derechos acaban donde empiezan los de los demás. Y los demás son propietarios de su intimidad y deben tener el pleno derecho de elegir con quién la comparten y a quién se la niegan.

¿A dónde han ido a parar conceptos como “responsabilidad” o “lealtad”? ¿Qué le sucede a una sociedad en la que los placeres inmediatos y las bromas fáciles están por encima de la libertad y los derechos del otro, aunque el otro sea un menor? Me cuesta ponerme en la cabeza de las menores de edad que se fotografían o se graban desnudas y envían esas imágenes por teléfono pero… me resulta tremendamente más difícil tratar de entender a esos chicos que reciben una imagen desnuda de su chica/o y la comparten con sus amigos… ¿qué tipo de sociedad estamos construyendo? ¿Todo vale? ¿A qué precio?

No sé. Hay días en los que me leo o me escucho a mí misma y me siento un tanto decimonónica o quizás hasta jurásica, pero he puesto el hombro para demasiadas lágrimas que hubieran sido muy fáciles de evitar si el “otro” se hubiera puesto en la piel de su víctima antes de pulsar un botón.

En fin, no quiero soltar más moralina. Que tampoco se trata de esto. Sólo quería recoger en este espacio el último paso que se ha dado en la protección de muchas personas con una propuesta que, según dicen, se materializará dentro de un año.

Lamento profundamente alegrarme de una restricción. Ojalá no fuera necesaria como medida disuasoria. Ojalá todos nos hiciéramos responsables de los compromisos que adquirimos con los demás, ojalá pudiéramos confiar en la buena voluntad, en la buena fe, en la palabra dada o recibida… pero son tiempos difíciles y las sendas de Internet y la telefonía móvil parecen ser demasiado peligrosas e intrincadas para la intimidad de mucha gente absolutamente desprotegida, sobre todo niños y adolescentes.

Los vídeos utilizados en este post han sido linkados desde: http://www.sexting.es/ y realizados por PantallasAmigas (http://www.pantallasamigas.net/)

Por tanto, más allá de las leyes que se hagan, de los delitos que surjan, yo quisiera pedirte a tí que me estás leyendo y, que por tanto supongo que estás preocupado por el tema, que la próxima vez que vayas a subir algo a Internet, a enviar alguna imagen desde tu teléfono móvil o a compartir algo en las redes sociales, te des un tiempecito para pensar si vas a hacer daño a alguien y si este mal podrá ser reparado de algún modo. Si no es así, por favor, hazte la pregunta: ¿merece la pena? Y si aún así no puedes evitar la tentación, entonces comienza a plantearte si querrás ir a la cárcel o pagar una buena multa por ello… ¿a que no?

Y, en cualquier caso, por favor, sobre todo si eres menor de edad: ten cuidado con lo que compartes y con quién lo haces. Que tú no tengas mala intención con ello no impide que los demás puedan tenerla o que caiga en las manos menos apropiadas por casualidad. Aunque dentro de un tiempo se puedan castigar este tipo de actos, el problema es que las imágenes de la intimidad que comienzan a circular libremente por la red son difíciles de controlar y el daño hecho puede tener gravísimas e irreparables consecuencias personales. Como dice el viejo, pero no por ello menos cierto, refrán… en este caso es especialmente apropiado aquello de “más vale prevenir que curar”.

(…) cuando ciertas palabras quedan escritas o ciertas imágenes se publican, como algunos bien saben, ya no hay marcha atrás ni petición de perdón que cierre la herida abierta. Tengo la sesación que se está haciendo demasiado daño en nombre de una libertad propia ilimitada, aprovechando la indefensión y la ‘cosificación’ ajena”

Rebeca Pardo (o sea: yo), Los nuevos inquilinos, Barcelona, Ed. Ariel. 2012, P. 56

Los vídeos utilizados en este post han sido linkados desde: http://www.sexting.es/ y realizados por PantallasAmigas (http://www.pantallasamigas.net/)

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