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Portada de la página web de Jorge Rogriguez-Gerada

Portada de la página web de Jorge Rogriguez-Gerada

¿Os habéis parado a pensar cuántas imágenes vemos en las calles a gran tamaño y sin previo aviso? ¿Os habéis planteado cómo nos afectan y qué imagen pública nos imponen? ¿alguna vez habéis tenido que volver la mirada ante alguna de ellas, por ejemplo alguna de las realizadas por el polémico Oliviero Toscani? ¿Alguna vez habéis tenido la sensación que las modelos cada vez son más jovencitas, más delgadas… y que algunas tienen pinta de necesitar un médico urgentemente?

¿Cómo estamos configurando el paisaje urbano contemporáneo? ¿Qué entorno nos damos y qué paisajes nos concedemos (incluyendo el tema de la vigilancia constante a la que nos someten… aunque esto sería otra historia a escribir)? ¿Estamos seguros de que este imaginario colectivo, universalizado a fuerza de marcas internacionales, idealizado en base a una minoría pero expuesto como si de la norma se tratara, es lo que queremos que pueble nuestras calles y carreteras? Yo discrepo. A mí me gusta más ver otras cosas a mi alrededor…

Mural en Tudela (Navarra), "María", de Jorge Rodríguez-Gerada, 2010. Imagen reproducida por gentileza del artista.

Mural en Tudela (Navarra), “María”, de Jorge Rodríguez-Gerada, 2010. Imagen reproducida por gentileza del artista.

Frente a las campañas en vallas con modelos que imponen cuerpos y rostros poco reales, inalcanzables para la mayoría y poco deseables para unos cuantos pero respetados y protegidos por casi todos… el arte urbano realizado por unos pocos, indefenso ante las inclemencias del tiempo y de algunos cuerpos de limpieza concienzudos, realiza la labor, casi heróica en nuestro tiempo, de ofrecernos un pequeño oasis de belleza, realismo, humor y humanidad.

En este último apartado destacaría nombres conocidísimos como el de Banksy (que en tono sarcástico escribe en su sección de “preguntas frecuentes“: “I mostly support projects working to restore sight and prevent eye disease”) y otros menos famosos, pero igualmente interesantes, como el de Jorge Rodriguez-Gerada con su efímera y delicada humanización de los barrios y las ciudades con los rostros reales de las personas que los caminan, los trabajan, los pagan y los viven. Es decir: sus verdaderos protagonistas.

Imagen de un blog que sigue la obra de Banksy. En la web del artista, en el apartado "tienda" apunta un mensaje claro: "You're welcome to download whatever you wish from this site for personal use. However, making your own art or merchandise and passing it off as ‘official’ or authentic Banksy artwork is bad and very wrong"... Thank-you, Banksy!

Imagen de un blog que sigue la obra de Banksy. En la web del artista, en el apartado “tienda” apunta un mensaje claro: “You’re welcome to download whatever you wish from this site for personal use. However, making your own art or merchandise and passing it off as ‘official’ or authentic Banksy artwork is bad and very wrong”… Thank-you, Banksy!

 

Pero de Jorge Rodriguez-Gerada y su obra, si no os importa, hableré un poco más tarde porque antes quisiera decir un par de cosas más sobre el contexto en el que se encuentra todo esto.

Comencemos por el principio…

Estos días, a raíz de un ejercicio de retoque de Photoshop que pido a mis alumnos de foto digital, se me planteaba el conflicto moral de qué palabra utilizar en el nombre de un archivo fotográfico en el que les pedía que redujeran el volumen de una señora, le eliminaran arrugas, le pusieran una tez maravillosa y la maquillaran. Para mí supuso un verdadero dilema porque, aunque sé lo que debo enseñar a mis alumnos para que puedan ganarse la vida, no puedo evitar sentir que estoy poniendo mi granito de arena para que toda la gran maquinaria que rechazo siga funcionando. Terminé por llamarlo “empeorar”… cosa que provocó la carcajada de más de un alumno, pero dio pie también a poder explicar que creo que tomar la imagen de una señora estupenda, generosa, natural, real y que muestra una fabulosa sonrisa enmarcada por las huellas de una vida plena (nada mejor que las arrugas en un rostro para saber qué gestos son los más habituales en una persona: el ceño fruncido, la sonrisa amplia…) y transformarla en una modelo artificial, redondeadamente imposible, escasa, irreal y sin huella alguna de haber vivido… para mí nunca será mejor, aunque reconozca que a la mayoría les gusta más.

En cualquier caso, a base de retoques sin control (con cirugía o con programas de procesamiento digital de la imagen) estamos construyendo un imaginario colectivo en el que la idea del cuerpo “normal” es brutalmente falsa. Algunos hemos tenido la suerte de nacer en un tiempo en el que aún se veían mujeres y hombres naturalmente fabulosos en la televisión, el cine o la publicidad. resultaban lejanos como ideales, pero sus cuerpos y sus rostros eran “divinamente” normales. En los últimos años todo esto ha cambiado dramáticamente.

Con frecuencia se habla de la presión ejercida desde la Tv y las revistas… pero a mí me parece infinitamente más cruel la que nos llega desde las enormes vallas publicitarias que habitan las ciudades, pueblos y carreteras cargando de imágenes los espacios públicos y que nos vemos “obligados” a mirar. Su influencia es constante, mayoritariamente silenciosa y perversa en algunos casos, como cuando en el 2007 saltaba a las noticias aquel espeluznante anuncio de una marca de ropa expuesto en vallas con fotografías de Oliviero Toscani de una modelo esquelética mostrando las huellas de la anorexia en un desnudo impactante. Mucho más sutil es la presión ejercida por otros anuncios, como el que el otro día ví en el metro. Supuestamente era de tallas grandes pero la modelo representada difícilmente llegaba a una talla 40. ¿Qué pretendemos conseguir y qué nos estamos haciendo?

Eva Longoria en los capítulos de Mujeres Desesperadas en los que se muestra supuestamente "gorda y fea"

Eva Longoria en los capítulos de Mujeres Desesperadas en los que se muestra supuestamente “gorda y fea”

¿Dónde están las arrugas en la pantalla o en la fotografía? ¿Dónde quedan los guerreros clásicos, los piratas y pistoleros con cuerpos estupendos sin necesidades de tabletas ni musculaturas extrañas? ¿Dónde están la celulitis, la fealdad (lo no bonito de verdad, no la chica fea de la película que sería miss si se presentara a un concurso en la vida real), el sobrepeso habitual sin necesidad de llegar a la obesidad pero sin tomaduras de pelo tampoco? Se me puso de punta toda la melena cuando escuché que Eva Longoria había hecho varios capítulos de Mujeres Desesperadas gorda y desaliñada… mientras me mostraban la imagen que reproduzco a la izquierda (en la que, al parecer, llevaba un relleno corporal para aumentar su volumen). ¿En serio alguien la ve, de verdad, “gorda y fea”?

¿Somos consciente de las imágenes mentales y los modelos a seguir que estamos construyendo entre todos para las generaciones actuales y futuras? A mí, sinceramente, comienzan a darme escalofríos. En un mundo en el que muchas personas mueren de hambre porque no pueden tener acceso a los alimentos, me parece surrealista que en un entorno privilegiado como el nuestro favorezcamos la estética de la enfermedad, del hambre y, en algunos casos, de la vergüenza.

Me niego a vivir en un mundo hambriento por vicio, en el que se imponen cánones de belleza artificiales y se increpa a aquellas personas reales que tienen algo de sobrepeso o se “aparca” donde no tengamos que verlas a las personas con demasiada edad o con “historias” que preferimos no mirar.

¿Nos estamos volviendo locos? Me duele lo que se nos hace a todos, pero me indigna especialmente lo que se está haciendo con los ancianos, con los más desfavorecidos, y que se presione de este modo a unos niños y unos adolescentes que deberían estar bien alimentados para tener un cuerpo sano, un alma radiante y una mente lúcida con los que afrontar el mundo (como pedía Juvenal a los dioses en aquella plegaria que se ha visto reducida al conocido verso: “Mens sana in corpore sano”). Aunque, tal vez, el problema resida precisamente en eso: en que no interesa la sabiduría de los mayores, ni la conciencia que despierta el dolor, ni sale a cuenta que los más jóvenes puedan pensar en algo con la cabeza despierta, el cuerpo sano y el alma bien dispuesta…

orandum est ut sit mens sana in corpore sano.
fortem posce animum mortis terrore carentem,
qui spatium uitae extremum inter munera ponat
naturae, qui ferre queat quoscumque labores,
nesciat irasci, cupiat nihil et potiores
Herculis aerumnas credat saeuosque labores
et uenere et cenis et pluma Sardanapalli.
monstro quod ipse tibi possis dare; semita certe
tranquillae per uirtutem patet unica uitae.
Juvenal (10.356-64)”

Traducción de estos versos disponible en el blog Panta Rey

En medio de este panorama, obras como la de Jorge Rodriguez-Gerada representan una bocanada de aire fresco.

Mural realizado en Londres (UK), "David", creado por Jorge Rodríguez-Quesada en colaboración con la Anipa gallery en Knightsbridge. Imagen reproducida por gentileza del artista.

Mural realizado en Londres (UK), “David”, creado por Jorge Rodríguez-Quesada en colaboración con la Anipa gallery en Knightsbridge. Imagen reproducida por gentileza del artista.

Descubrir en las paredes frías y desgastadas de nuestras ciudades los rostros ajados, vividos, sentidos y amados de nuestros convecinos es un verdadero descanso para la vista. El retrato certero, hiperrealista, cálido y cargado de humanismo, es una respuesta amable y sentida a esa plegaria de Juvenal que deberíamos elevar nuevamente a las alturas.

Lejos de los excesos, de los oropeles y los efectos especiales, Rodríguez-Gerada se enfrenta, con un andamio y carboncillo en mano, a la frialdad de la urbe y a sus consecuencias, con la humildad de una obra efímera por excelencia que no desea imponer su presencia sino despertar alguna conciencia. Este artista emprende su obra monumental como Miguel Ángel en las alturas, pero baja a la tierra al terminar su retrato para conceder a los Dioses de la lluvia y los vientos el poder de borrar la huella de tanta humanidad, consciente de la rebeldía encerrada en este “inocente” retrato. El sigiloso proceso de erosión, borrado y olvido llega inexorablemente para formar también parte de estas obras.

No podía ser de otra manera si se quiere representar con honestidad a aquellos que transitan las vidas anónimas que se apagan un día del mismo modo, callado y discreto, en que fueron vividas. “Polvo eres y en polvo te convertirás” recuerda la Biblia y parece constatar esta obra. Sin embargo, como dijo Quevedo “Serán ceniza, mas tendrá sentido; Polvo serán, mas polvo enamorado”… Porque la pared que vibró con la sinceridad de la obra de Rodríguez-Gerada se mira ahora como la constatación de un vacío existencial, de un silencio necesario, de una pérdida dolorosa… como un oasis de reflexión y pensamiento, como una necesaria llamada de atención, en medio de los ajetreados, transitados, violentados y publicitados caminos de nuestro tiempo.

Mientras los brillantes y espurios rostros de plástico divino resisten las inclemencias del tiempo, bien resguardados por capas y capas de impermeabilización a la vida, intentando convencernos de que siempre necesitaremos algo más para tenerlo todo… los rostros sencillos y desgastados por el puro goce de vivir de Rodríguez-Gerada nos recuerdan que, con demasiada frecuencia, menos es más y nos enseñan a dejar marchar las cosas para poder disfrutar del secreto conocimiento, compartido por unos pocos, de que estuvieron allí para nosotros… sólo para nosotros. A partir de ese momento, cada vez que pasemos por ese lugar, compartiremos con otros pocos afortunados la enorme riqueza de la mirada cómplice, y sentiremos la deliciosa tortura de echar de menos el destello de lucidez que un día nos habitó allí.

Gracias a Banksy, a Rodríguez-Gerada y a todos los artistas urbanos que nos dan un toque de atención inesperado y ponen un poco de cordura a todo este contexto. Y a los medios, las galerías y los museos, que hacen (desde los canales más institucionales y académicos) que sus nombres, su mensaje y el tipo de arte que realizan estén presentes en otros ambientes. Sólo espero que la fuerza y el sentido contenidos en su obra pública se mantenga intacta en la vorágine del sistema: ¿conseguiremos, entre todos, que otros rostros y otras realidades vuelvan a tomar las calles, los medios, el arte y el sentido de la vida?

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