La satisfacción de las cosas hechas por uno mismo… o cómo hacer que te miren “raro”


Érase una vez, por allá por los inicios de los 90, que alguien me dijo que me había equivocado de época al nacer y que era una persona “renacentista” porque hacía caligrafía con plumilla y tinta china (lo que provocó también en aquel tiempo que un vendedor de material de oficina me aclarara que los dinosaurios se habían extinguido hacía unos cuantos siglos… por si no me había enterado mientras estaba escribiendo sobre algún pergamino).

Esto, que podría ser una anécdota sin importancia, volvió a mi mente mientras la gente literalmente “alucinaba” cuando descubría que me había auto-encuadernado una tesis doctoral (bajo la supervisión de la gran Begoña Cabero en Charnela) que también la había co-maquetado (con la inestimable dirección y ayuda de la imprescindible Beatriz Menéndez) y, obviamente, escrito. Para mí era un reto y un verdadero placer poder llevar la creación de mi “obra” hasta sus últimas consecuencias… y lo hice (aunque he de reconocer que no volvería a encuadernar a “diente de perro” seis ejemplares de una tesis de cientos de páginas con forma de álbum victoriano…).

Tesis doctoral sobre autorreferencialidad en el arte (1970-2011) encuadernada, escrita y ¡fotografiada! por Rebeca Pardo

Tesis doctoral sobre autorreferencialidad en el arte (1970-2011) encuadernada y escrita por Rebeca Pardo

Tesis doctoral sobre autorreferencialidad en el arte (1970-2011), encuadernada, escrita y ¡fotografiada! por Rebeca Pardo

A mí estas cosas me surgen sin pensar (porque si las meditara un poco, seguramente no me embarcaría en ciertas aventuras). Si he de plantearme por qué lo hago, supongo que he de remitirme a la necesidad de sentir que algo es mío, no porque me pertenezca sino porque lo he hecho yo: desde la idea a la forma pasando por todos los detalles. Nada puede compararse a la satisfacción de una obra terminada en la que has puesto mucho de tí mismo.

Sin embargo, cuando sientes las miradas anonadadas de los otros mientras explicas con emoción la última receta que has descubierto, cómo has convertido una rama vieja en un perchero, que has retapizado unas sillas, que tus ensaladas salen de un macetohuerto, que eres el animal de compañía de varias orquídeas, o que vas a clases de costura o patronaje… entonces la realidad te enfrenta a la supuesta “normalidad” y es cuando yo comienzo a sospechar que soy una descendiente directa del último homo-habilis. Eso sí: una más, porque no soy ni la primera ni la última y cada vez conozco a más gente que vuelve a la artesanía, a lo hecho a mano, y que disfruta con ello. Como dice el refrán, “mal de muchos”…

Una de mis orquídeas vista a través de la Harinezumi. Imágenes de Rebeca Pardo

 

Pero ¿Por qué cuento todo esto? o ¿por qué me extraña la extrañeza de los demás? Porque me fascina que cuando alguien cuenta que se va de fiesta todos los fines de semana, que va a esquiar o a pescar habitualmente, que dedica horas diarias al deporte o a pasear al perro… a todo el mundo le parezca normal. Sin embargo, cuando yo cuento que me he hecho una falda, que me relaja cocinar y regar mis plantas, o que he hecho una tesis doctoral sobre el papel de las imágenes familiares como huella mnemónicas en la construcción identitaria ¡en Bellas Artes!… la gente me dice cosas como que “me debe sobrar mucho tiempo” o que “estoy fatal”.

Y puede ser que todos tengan razón y lo mío sea caso de estudio, pero en un mundo en el que la gente “guay” ve a Maradona como a un Dios, se pega en televisión por ser el Mejor Amigo de Paris Hilton, usa productos para caballos (anestesia, champú…) y le compra joyas a sus mascotas… sinceramente: casi me alegro de ser una extraña en mi tiempo (sea lo que sea que quiera decir esto).

Y tal vez porque andaba dándole vueltas a por qué lo mío es tan extraño para los demás, cayó en mis manos un artículo de la revista Quo sobre el tema de los “Por qué nos gusta tanto ser manitas” que me devolvió un poco la fé en mi propia cordura… o al menos me ayudó a dar un sustento científico a mis supuestas “excentricidades”.

En este texto se reflexiona sobre un tiempo en el que la ortodoxia económica dicta que deberíamos valorar más aquello que nos ahorre trabajo ya que conforme somos más “ricos en dinero y pobres en tiempo, deberíamos estar preparados para gastar más del primero y ahorrar del último”. Sin embargo, el artículo reconoce que esta lógica no siempre funciona y refleja algunas interesantes investigaciones que se están llevando a cabo sobre el tema. A continuación transcribo algunas líneas del artículo disponible en internet:

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, esta ha sido una regla básica: cuanto más trepas por el árbol, más y mejor fruta recoges; simplemente, porque es menos accesible.

Las cosas empezaron a torcerse para los humanos durante la Revolución Industrial. Muchas de las tareas esenciales para la supervivencia se automatizaron. Pero nuestros procesos mentales evolucionan más despacio, de modo que esa sencillez nos provoca confusión, y eso deja la puerta abierta al marketing. “Puedes hacer que la gente crea que si le pone algo de esfuerzo, el resultado tiene más calidad”, dice Norton.

A este fenómeno se le ha dado el nombre de “efecto IKEA”. http://www.quo.es/ciencia/hombre/por_que_nos_gusta_tanto_ser_manitas

Por tanto, entenderéis que ya tengo la solución al problema: debe ser que mis procesos mentales son más lentos que los de aquellos que se han acoplado a la sociedad industrializada, tecnificada y mediatizada sin problemas buscando amigos en tv, adorando a jugadores de fútbol y tratando a los animales como a personas (y viceversa). Quizás por esa lentitud de procesamiento yo disfruto de mi herencia “homo-habilítica” y de mi personal “efecto Ikea” mientras otros se extrañan de que invierta tanto tiempo en algo tan poco “productivo” como restaurar un libro antiguo en la época de los ebooks (yo creo que la riqueza cultural de nuestro tiempo reside, precisamente, en la posibilidad de poder compatibilizar ambas cosas).

Lo que aún no sé es si esto debería o no preocuparme. Mientras intento descubrirlo, sólo espero y deseo que cada uno elija su camino, la manera de recorrerlo, y sea feliz en el trayecto… ¿no debería ser esto lo “normal”?

El macetohuerto y sus alrededores, Rebeca Pardo
MI macetohuerto y sus alrededores, Imágenes de Rebeca Pardo
Anuncios

4 comentarios sobre “La satisfacción de las cosas hechas por uno mismo… o cómo hacer que te miren “raro”

  1. pues a veces, así en teoría, pueda parecer que estás un poco pallá… perocuando luego ves la rama-perchero, el maceto-huerto, los bolsos customizados, los broches, las encuadernaciones …y todo lo que hay detrás, chica, no queda más que admirarte, porque entre tanta cosa aún sigues bastante lúcida, que lo hay que estar -y mucho- para haber trabajado ese pedazo de tesis. Doy fe.
    Viva Leonardo!!

    1. Mil gracias por esta declaración-certificación de mi lucidez, sobre todo después de haberte leído partes de la tesis en el proceso de maquetación (que he de decir públicamente que a todo el mundo le encantó: la conclusión siempre ha sido “tu amiga Bea es una artista”). Tengo pendiente hacerte un monumento. Hasta que encuentre el sitio adecuado y al mecenas que lo financie: yo también declaro, una vez más, que admiro profundamente tu trabajo, creatividad y buen gusto. Algún día volveremos a hacer un libro juntas, pero no será otro “tocho” sino una cosa loca, divertida y para niños. ¿Y si hacemos el primer maceto-libro de la historia? ¡¡¡con una pistola de agua para regarlo!!! Un libro-objeto comercial infantil, aunque sólo sea para reirnos un rato. Imagínatelo: pistola de agua, tierra, ilustraciones, semillitas, algo que romper y un cuento divertido… Ja, ja, ja: ¡qué más se puede pedir!
      Qué no haría por volver a trabajar contigo…

  2. Hola Rebeca,

    Me he encontrado tu post por casualidad buscando páginas donde se hablara de la satisfacción que produce hacer algo por uno mismo… Veo que este post es de hace unos años… si lo hubiera leído entonces habría escrito igualmente… esto es lo que tiene la tecnología… que uno escribe algo e igual le leen 2-3 años después.

    No podía pasar sin dejar un comentario porque te entiendo perfectamente. Siempre me he auto-denominado “persona rara”, simplemente porque desde pequeña me gusta tejer, hacer ganchillo, cuidar de mis plantas, imaginar qué puedo hacer con “un palo y unas cuerdas”, amasar un trozo de fimo hasta que sean unos bonitos pendientes, hacerme un neceser de viaje con una falda que ya no uso… también tengo maceto huerto ;D

    Al principio pensaba que no era lo normal en una chica joven, pero hoy en día ya tengo 37 años y a la mayoría de la gente le sigue extrañando que me encante coser o tejer un gorro de lana mientras veo una película tranquilamente en casa… Aunque luego mis amig@s están encantad@s cuando se les descosen los botones o hay que coger un bajo y aquí estoy yo!. He encontrado cierta razón en ese artículo que mencionas… y me identifico, creo que no estoy “actualizada” con el mundo… no uso facebook, me aburren los chismorreos de la TV y la vida vivida a través de una pantalla…

    Me gusta como soy, eso es lo importante, y disfruto de las cosas que me gustan y del mundo en general, viéndolo con mis ojos.

    No dejes de disfrutar de las cosas que te gustan, a tu ritmo. Y que cada uno disfrute de las cosas que le gustan… hay tantas!!!

    PD. La encuadernación es espectacular. Te felicito!

    Un saludo de una persona, de tantas, a las que le gusta crear.
    Marta

    1. Gracias por tu comentario, Marta,
      Y sí: esa es la grandeza de la inmediatez de Internet, que lo que subes a la red se puede leer en el mismo instante o años más tarde. Pero lo importante es que llega a mucha más gente de la que yo hubiera imaginado nunca y que hay feedback… y esto siempre es un placer. En cualquier caso, yo también creo que lo importante es disfrutar con lo que uno hace: sea online, offline… poco importa. Y también estoy de acuerdo con que hay muchísimas cosas con las que se puede disfrutar. A mí lo que me sorprende es cuando la gente (ojo, los que están sanos y libres) dice que se aburre: es algo que siempre me ha fascinado. El aburrimiento. ¡¡¡Con todo lo que hay por hacer, experimentar, disfrutar…!!! Mil gracias por tus felicitaciones y otro saludo para tí, Marta, y muchas gracias por dedicar tu tiempo a mi blog.
      Un abrazo,
      Rebeca

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s