Pinterest, tus cosas favoritas en un tablón de imágenes, y ¿cómo procesamos todo esto?


Hace unos días leía fascinada la nueva oportunidad que ofrece Internet: colgar todo aquello que te interese en un tablón (traducción del inglés “pinboard”, aunque lo veo más como un escaparate) abierto a todo aquel que lo quiera mirar llamado Pinterest.

De la página de Pinterest: "Redecorate your Home!  Joy uses Pinterest to save decorating ideas for her new home in LA. She saves patterns, furniture, and accessories that catch her eye"
De la página de Pinterest: “Redecorate your Home! Joy uses Pinterest to save decorating ideas for her new home in LA. She saves patterns, furniture, and accessories that catch her eye”

En la presentación de Pinterest, se dice que permite organizar y compartir todas las cosas bonitas que se encuentren en la web, y que la gente puede usar los tablones para planear bodas, decorar sus casas u organizar sus recetas favoritas. Incluso se ofrece la posibilidad de mirar los tablones de los demás para encontrar cosas nuevas y recibir inspiración de aquellos que comparten tus intereses. Como misión, confiesan que su meta es conectar a todo el mundo porque dicen: “We think that a favourite book, toy, or recipe can reveal a common link between two people”.

Más allá de estos intentos de convertir las cosas, lo material, las posesiones o los deseos en lugares de encuentro (algo, por otro lado, perfectamente entendible en una sociedad como la nuestra), algunos hablan de que Pinterest ofrece la posibilidad de mostrar la personalidad públicamente a través de aquello que te interesa… y no puedo quitarme de la cabeza la pregunta: ¿por qué y para qué exactamente necesitamos mostrar nuestra personalidad en un tablón de anuncios?

He de confesar que esta pregunta no surge únicamente a partir de Pinterest, sino que ya hace tiempo que la duda me ronda: desde que las redes sociales están llenas de herramientas para dejar ver al mundo nuestros intereses, personalidades e identidades. De hecho, hace ya tiempo (el 19 NOV 2008), la sección de tecnología de El País,  bajo el titular “Facebook contribuye al desarrollo de la personalidad de los jóvenes“, se hacían eco de unas investigaciones sobre psicología realizadas en la Universidad de Los Ángeles (UCLA) con estudiantes universitarios en las que se ha constatado lo mucho que influyen las redes sociales, sobre todo entre los más jóvenes.

De la página de Pinterest: "Find your Style!  Tim uses Pinterest to share his personal style. He pins clothing, shoes and accessories he finds while browsing stores and fashion blogs."
De la página de Pinterest: “Find your Style! Tim uses Pinterest to share his personal style. He pins clothing, shoes and accessories he finds while browsing stores and fashion blogs.”

En este artículo se recogía una cita de la coordinadora del estudio, Adriana Manago, que iba en la línea de lo ya comentado: “Estas páginas permiten a la gente darse a conocer gracias a las imágenes o mensajes que cuelgan o escriben”. No puedo evitar preocuparme por el futuro que creo vislumbrar en estas palabras. No en vano, El País recoge también una pequeña cita de las conclusiones del estudio publicadas en el Journal of Applied Developmental Psychology: “A través de la web puedes crear un ideal de ti mismo. Puedes manifestar quién quieres ser y tratar de crecer en función de eso. Siempre estamos maquinando una imagen de nosotros mismos, siempre tratamos de poner en el escaparate lo mejor que tenemos”.

Esto es seguramente cierto pero, ¿Nos hace algún bien esta obsesión por el ideal de nosotros mismos? Perseguir la perfección en otros tiempos era tratar de seguir la senda de otros mortales, generalmente de un entorno bastante cercano, o de los seres divinos, que siempre se ha sabido que eran inalcanzables. Sin embargo, nuestro entorno se ha transformado y actualmente vemos portadas con seres casi perfectos por obra y gracia del Photoshop, películas con estrellas recién bajadas de los firmamentos por obra y gracia de la cirugía estética (aunque los gimnasios, las dietas milagro y un poquito de efectos especiales también ayudan), programas de Tv en los que cada vez hay menos “personas normales” y más famosos que parecen modelos… ¡¡¡Avalancha de perfección en las imágenes de nuestro entorno que llega a hacernos creer que eso, lo excepcional, es lo habitual!!!

En este contexto, no parece extraño que, intentando conquistar la perfección, los muros de Facebook muestren ideales de nosotros mismos, que a través de los twits intentemos lograr tener opinión propia o una discusión sobre algo sin necesidad de debatir en la arena de la realidad… y ahora se nos ofrece también la posibilidad de reunir las imágenes de los objetos de deseo, probablemente para que aquello que no podemos tener esté en ese escaparate que seguramente completará algún tipo de necesidad psicológica y en el que más de uno se refugiará.

Pero mientras no podamos vivir en la Red… seremos lo que somos, pensaremos lo que pensamos y viviremos donde nuestras posibilidades nos lo permitan con lo que podamos atesorar o sin aquello de lo que podamos prescindir. Y es esta franja abierta entre el ideal que mostramos de nosotros mismos y la realidad que vivimos lo que me desconcierta y preocupa.

Nací en un tiempo (que ahora parece prehistórico aunque no hace tantos años), en el que no existía Photoshop, ni Internet, ni redes sociales, ni After Effects… sólo el mundo real y una ventanita a un entorno audiovisual que aún era casi siempre en B/N. Sin embargo, actualmente, el panorama me fascina porque el mundo de la imagen, de las redes sociales, de los medios de comunicación y del audiovisual ha sufrido un desarrollo impresionante que creo que no llega acompañado, en la formación básica, de la debida reflexión y educación sobre el tema (con honrosas excepciones).

Seguramente muchos niños saben utilizar programas y hacer fotografías e incluso vídeos pero ¿por qué no estudian lenguaje o semiótica de la imagen o de la comunicación audiovisual igual que matemáticas, lengua o ciencia? ¿Acaso no están inmersos en un mundo (audio)visual y no sufren las consecuencias de ello? ¿Por qué no les damos las herramientas críticas necesarias para tomar las riendas de la imagen que proyectan al mundo y para entender la que el mundo les ofrece a ellos?

Porque, sin un poco de análisis y de formación que les ayude a tener algo de criterio en lo que muestran y en lo que ven, unas generaciones que no compiten ya con otros como ellos sino con ideales que frecuentemente los acomplejan… ¿qué control tienen sobre esos ideales que se tragan sin masticar? ¿Cómo no van a terminar queriendo convertirse en imágenes idílicas si viven inmersos en ellas?

En este contexto, un tablón en el que la gente pueda colgar las imágenes de aquello que desea o que le interesa… no me sorprendería que fuera un éxito. Desde luego, es una tentación mirar a esa serie de ventanas abiertas a esos otros que son el mundo. Pero sigo preguntándome, en un mundo en el que cada vez la gente se frustra más fácilmente y en el que tener o tener es la cuestión con demasiada frecuencia… ¿qué efecto tendrá al otro lado de las pantallas? y ¿estamos preparados para asumirlo o simplemente nos amoldaremos a ello?

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