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Me habían impactado sus fotografías, pero lo que verdaderamente me dejó sin palabras de Shirin Neshat fue la exposición que hubo en el MUSAC en el 2005 titulada “La última palabra” que también incluía sus videoartes. Fue la primera vez que veía la exposición de una sola artista en la que todos los asistentes se tomaban tiempo para ver cada imagen, cada videoarte completo, en silencio, y se quedaban para verlos una vez más en numerosas ocasiones. Las imágenes tenían fuerza, el trasfondo planteaba cuestiones importantes y el modelo expositivo, la manera de instalar sus videoartes con pantallas enfrentadas que impedían ser vistas al mismo tiempo las imágenes de hombres y las de mujeres… transportaba al espectador a otro contexto cultural, a una sociedad dividida ante la que es imposible permanecer neutral.

Pero si la fuerza de las imágenes de Neshat atrapa, las improvisaciones de Sussan Deyhim (compositora también iraní con la que habitualmente colabora en sus trabajos) pueden llegar a sobrecoger. Especialmente en Turbulent, obra en la que puede verse en una pantalla con unos planos muy estables a un hombre cantando en persa ante un público masculino que, al terminar su actuación, le aplaude con entusiasmo. Mientras tanto, en la pantalla de enfrente, una mujer sola, ante un auditorio vacío espera cubierta de sombras. Cuando él calla ella (Sussan Deyhim) comienza a cantar sin palabras, con unos sonidos que van subiendo de intensidad y ritmo mientras la cámara va moviéndose en travellings circulares a su alrededor. Cuando ella termina nadie la aplaude, nadie salvo el espectador la ha escuchado y a una le queda la pregunta de si alguien la ha comprendido… qué maravillosa metáfora creada por estas dos artistas para explicar el valor de la voz sin palabra y sin oyentes a un espectador. Cuando la obra termina se produce uno de esos silencios mágicos que se introducen dentro de todo aquello que creíamos saber para dinamitar certezas y sustituirlas por preguntas. El mundo ha vuelto a dar un vuelco (porque el mundo no sólo gira y rota… también palpita en movimientos mucho más subjetivos e incontrolables).

Desde que descubrí su fuerza de atracción, la utilizo como referente en mis clases y, sorprendentemente, desde hace años me encuentro con alumnos que recuerdan alguna película, algún fotógrafo… y que siempre me dicen “y aquella artista iraní que me gustó tanto”. Que a un estudiante de Bellas Artes le guste o le impacte la obra de Neshat puede no sorprender, pero cuando quien te lo dice era alumno de un grado medio que tenía 16 o 17 años cuando se la mostraste y que a día de hoy se dedica a cosas que no tienen nada que ver con la imagen… a mí me sigue pareciendo fascinante.

De la serie "Women of Allah", de Shirin Neshat (1993-1997)

De la serie “Women of Allah”, de Shirin Neshat (1993-1997)

En cualquier caso, la obra de Neshat se presta a muchas lecturas y a mí siempre me ha servido para mostrar que hay arte no occidental y que hay prejuicios muy potentes que nos llevan a no entender sus imágenes (normalmente los alumnos ven en sus fotos temas relacionados con el terrorismo, el Corán  y el islam, cuando lo que están viendo son versos en persa y sus imágenes hablan metafóricamente de otro tipo de violencia: la ejercida sobre las mujeres, a través de la opresión y la incomprensión o el aislamiento).

Shirin Neshat habla, en el programa que Metrópolis le dedica, de hacer una crítica más allá de la Revolución o del debate político, de su deseo de dirigirse hacia un debate filosófico algo más subversivo y, al mismo tiempo, más inocente pero con un borde afilado.  Precisamente por eso es una autora excelente para explicar lo que son la connotación, la metáfora y el simbolismo en la imagen, además de para hablar de temas de identidad, memoria, autorreferencialidad… porque se presta al diálogo, a la reflexión, al debate. Y seguramente es esto lo que el alumno o el espectador recuerda: la sensación de haber entendido algo y de haberlo defendido ante los otros en un cruce de ideas que enriqueden a todos y nos muestran que el mundo tiene toda una gama de grises entre el blanco y el negro. Una gama de grises en la que cada cual puede encontrar su propio mensaje, su visión personal de la obra de arte.

Además, trabajar la obra de Neshat y la de Deyhim, suele tener la ventaja entre los alumnos de poder hacer referencia a una novela gráfica o una película que muchos han leído o visto: “Persépolis”, de Marjane Satrapi. Esto facilita enormenmente la comprensión no sólo del contexto cultural o histórico de estas obras sino la comprensión de que tres artistas que han vivido las mismas circunstancias pueden hacer obra en campos diversos con el mismo trasfondo pero con temas, matices y estéticas muy diferentes.

Sólo por esto, ya merece la pena dedicarles un tiempo, aunque hay otros muchos nombres procedentes de Irán que también se están abriendo paso en el panorama internacional como la fotógrafa Shadi Ghadirian o como el  director Asghar Farhadi que estos días tiene en pantalla en nuestro país la ya comentada Nader y Simin, una separación.

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